¿Cómo voy a molestarme si no me cumplen si yo tampoco cumplo?

“¿Cómo voy a molestarme si no me cumplen si yo tampoco cumplo?” Me dijo.  Como yo no entendía de qué me estaba hablando, me explicó. “Mi contador me estafó con un montón de dinero. Pero no lo puedo juzgar. Es un tema de confianza, ¿viste? Si yo ni siquiera puedo confiar en mí mismo.  Decido dejar de fumar y me bajo el atado entero. Voy a hacer dieta, y  me matan los chocolates y no puedo resistirme. Y digo “basta de alcohol” y termino en una profunda borrachera. Si yo no soy de confiar, ¿cómo voy a enojarme si tampoco el otro se compromete conmigo?”

Hace muchos años que tuve esta conversación, y nunca la olvidé. Pedro me planteaba un modo de interpretar su situación que a mí no se me había ocurrido. Esa falta de compromiso, de confianza, de constancia consigo mismo, lo llevaba desde una profunda honestidad personal, a justificar las conductas de los demás hacia él.

Si bien es saludable no depender emocionalmente de lo que los demás van a hacer en su relación con nosotros, y en una postura muy “tao” recordar a la maestra Byron Katie cuando dice que nadie la desilusiona porque no espera nada de nadie, creo que es necesario distinguir entre una postura filosófica y los compromisos del día a día, de los cuales  depende el fluir de las relaciones, las actividades cotidianas, y hasta la salud personal.

Recuerdo un conocido que estaba enojadísimo porque no le daban respuesta en relación a un trabajo que había solicitado. Se quejaba de la falta de profesionalismo de la gente de esa empresa, de la falta de consideración hacia él, del tiempo que le hacían perder. Paradójicamente, él estaba describiendo lo mismo que él hacía con otras personas. No respondía mails, dejaba a sus sucesivas parejas esperando su llamado que nunca llegaba, y tampoco estaba demasiado presente como amigo. Cuando alguien necesitaba su compañía o su palabra de aliento, él nunca estaba.

Hablamos de compromiso generalmente cuando nos referimos a otros: cuando no cumplen, cuando no respetan nuestros horarios, cuando no nos dan la respuesta que estamos esperando. Sin embargo, pocas veces miramos profundamente para ver cómo es nuestro compromiso con nosotros mismos, y también con la palabra dada a otros.

¿Cuántas veces sacaste un turno con un médico y no solo no fuiste sino que no avisaste que no irías?

¿Cuántas veces te anotaste en un taller gratuito y ocupaste el lugar que podría haber tenido otro y no apareciste?

¿Cuántas veces reservaste lugar para algún evento y dejaste colgado a quien te estaba esperando?

No me estoy refiriendo a causas de fuerza mayor: una enfermedad, un problema grave, o incluso el fallecimiento de alguien cercano.

Me estoy refiriendo a “Veo, si me da ganas voy, si no, me quedo en casa”, cuando hay alguien que en otro lugar te está esperando y tu ausencia le complica su día.

Y en relación a tu compromiso con vos mismo:

¿Cuántas veces te prometiste salir a caminar, empezar a comer sano, estudiar, dejar de hacer algo que te hace mal?

¿Cuántas veces caíste en tentaciones de lo que te habías prometido que nunca más harías?

Cuando insisto en que es necesario que estemos presentes con nosotros mismos, me refiero a esto. A darnos cuenta de que si estamos haciéndonos esto, o se lo estamos haciendo a otros, es bueno empezar a replantearnos cómo nos estamos conduciendo. Dejar de prometer lo que no vamos a cumplir, evaluar las posibilidades antes de aceptar hacer algo que tal vez no vayamos a poder, y respetar a la persona que organiza sus horarios, su presupuesto o su energía en relación con lo que iba a hacer con nosotros, ya sea un amigo, pareja,  profesional o profesor.

La falta de compromiso erosiona las relaciones, genera desconfianza y agota la más fecunda paciencia. Es muy difícil trabajar con alguien que cambia de planes permanentemente, no por creatividad o porque tiene propuestas mejores, sino porque cree que lo único que importa es lo que le sucede a él o ella. Los demás deben bailar a su ritmo, en una ilusión falsa de que todos deben adaptarse a sus deseos y caprichos. La excusa de moda suele ser “aprendí a respetar mis propios tiempos y deseos”, y quien la usa olvida que hay otra persona que no puede respetar los suyos propios porque puso en su agenda un encuentro con el que nunca va a asistir.

Es importante aprender a estar presentes. No por moda. No como un mantra new age, sino con los pies sobre la tierra. Cualquier práctica espiritual debe mejorar la vida diaria de las personas, la comunicación respetuosa y el fluir de cada momento. Es importante honrar nuestra palabra, la que damos a otros y la que NOS damos. Si no llegamos a cumplir con algo, podemos renegociar el compromiso, siempre y cuando lo que estemos posponiendo no atente contra nuestra ecología interior.

¿Con qué vamos a comprometernos a cumplir esta semana?

Este es un aprendizaje que necesitamos transitar entre todos.

PNL y chamanismo

Modelando la riqueza de las sabidurías ancestrales

Por Laura Szmuch

Era una noche oscura, y solo se oía el caminar sobre la hierba seca de todas las personas que participarían en la ceremonia de fuego.  Una zona consagrada, cargada de energías.  El tambor sonaba a la distancia, mientras pedíamos permiso a los guardianes del lugar para poder ingresar. El chamán nos dio las instrucciones, y llegó el silencio. Un silencio reverente, en ese espacio sagrado donde activaríamos nuestros deseos y sueños con la fuerza del elemento ardiente.

Una vez listas, en cuerpo, alma y espíritu, se nos permitió ingresar. Un fuego poderoso, en un hueco enorme en la tierra, era la única iluminación en un claro del bosque. Los pies descalzos en esa  noche fría tanteaban el suelo. Pies de ciudad, poco acostumbrados al contacto directo con la Madre Tierra. Cualquier rama, hoja o piedrita que pisábamos nos recordaba y mostraba nuestra relación con la Madre, la Pachamama, la que nos alberga y nos sostiene.

Ingresando en sentido anti horario alrededor del fuego, nos ubicamos en el lugar donde pudimos. Había mucha gente. Mientras nos íbamos incorporando al círculo, el chamán nos recordaba con voz firme y serena: “Con conciencia, no en forma mecánica. Con presencia”.

Recuerdo que esa  primera experiencia en una ceremonia, vivida hace unos años, me llevó a desear profundizar e investigar la relación que podría existir entre la PNL y las sabidurías ancestrales. Me motivó a visitar y contactar sabios indígenas, aprender de ellos, y modelar sus enseñanzas.  En ese proceso me encuentro, aprendiendo, disfrutando, y dándome cuenta de todos los filtros en la percepción que hemos adquirido debido a nuestra crianza y educación occidental.

Nuestra cultura ha olvidado la reverencia, no obstante, empezamos a aprender a recuperarla. No es un proceso sencillo, ya que tenemos tantas distracciones que nos alejan de lo real y sagrado, que nuestra transformación hacia una vida con aroma diferente es un gran desafío. La larga tradición iniciática de muchas culturas ahora abre sus puertas e invita a no indígenas a aprender y participar en los cambios de conciencia.

Últimamente se utiliza mucho la palabra chamanismo, con diferentes significados y con mucha confusión. Es muy difícil hablar del chamanismo en esencia, pero podemos describir sus manifestaciones. Podemos acceder a la más común de todas, que refiere a la capacidad de algunas personas de provocar estados extáticos de transformación en la experiencia y conciencia cotidiana. Mi primer pensamiento al escuchar esto fue: “Eso hacemos los practicantes de la PNL”. Inmediatamente decidí correrme de eso que me había dicho, porque cuando surge el “eso ya lo sé”, rápidamente se bloquea el aprendizaje.  Aunque esto nuevo que estaba experimentando era en esencia lo que ya conocía, opté por “dejar de saber”, y ser una aprendiz real. Resolví abrirme a este conocimiento, que no es un conocimiento intelectual sino vivencial. ¿Cómo la PNL? Sí, como la PNL, pero desde otro lugar. Se parece, pero pertenece a un terreno completamente diferente, y si pasamos esto por alto, solo nos quedamos atrapados en la superficie, en la manifestación y no en la esencia.

Cuando hablamos de estados extáticos de conciencia podemos recordar esa magia que sentíamos cuando éramos niños al descubrir algo nuevo, cuando todavía sabíamos que existen otras realidades. Nadie nos había dicho todavía que dejáramos ese espacio, nadie nos había hecho “bajar a tierra” todavía. Nuestros canales energéticos estaban abiertos y perceptivos y sabíamos que el universo es esencialmente mágico. Y en algún momento, nuestra cultura nos llevó a la realidad lógica, racional, mecánica, ordinaria, tangible, determinada, limitada, concreta, desprovista de la conexión con otras realidades.

De acuerdo a Kant, las características básicas de la mente racional moderna están delineadas en los cuatro elementos básicos que una persona en pleno uso de razón y habilidades cognitivas debe manejar. Esos elementos son el tiempo, espacio, número y causalidad. De acuerdo a Piaget, todo niño normal debe tener estos conceptos elementales formados e interiorizados antes de los siete años. Ariel José James, antropólogo e investigador del chamanismo, considera que todo parecería indicar “que la capacidad del pensamiento humano se rige por la ley de la causalidad, se contabiliza en números definidos, se define a través de representaciones abstractas, y se enmarca dentro del tiempo establecido y el espacio físico dominante”.  Y concluye diciendo que esta es una verdad, pero no es la única ni necesaria verdad.

Cuando los practicantes de PNL imaginamos mundos posibles, cuando visualizamos lo que supuestamente todavía no existe, generalmente no nos damos cuenta de que en realidad estamos ingresando en un espacio sagrado o Mente Mayor, como la llamaba Gregory Bateson. Recuerdo con una sonrisa el momento, hace muchos años,  cuando aprendí la técnica “Generador de comportamiento”. No podía dejar de preguntarme de dónde salían esas imágenes, cómo aparecían. Como entrenadora de PNL he pasado los últimos 18 años acompañando a personas que sostenían que “no iban a poder ver nada”, y que se asombraban ante la sorpresa de descubrir que las imágenes se proyectaban sobre paredes vacías, que podían ingresar en mundos imaginarios para hacerlos realidad en muy poco tiempo.   Los practicantes de la PNL sabemos que no hacen falta sustancias para entrar en estas ensoñaciones, siempre y cuando la técnica no sea solo técnica, es decir, que sea una práctica con presencia y conciencia. Esas realidades posibles son parte de un reino que está fuera de nosotros, pero también aguardan dentro de nuestra psique. Nos esperan para ser reveladas, recordadas, liberadas y re-construidas.

Nuestra ciencia por ahora sabe muy poco acerca de la composición real del mundo, y aunque sabemos de la existencia de cuatro dimensiones fundamentales (ancho, largo, profundidad y tiempo), hay varias dimensiones subatómicas o dimensiones enrolladas de Kaluza-Klein. Sabemos que existen fuerzas cósmicas, pero la realidad es que se sabe demasiado poco. El mundo racional es muy limitado, y queda mucho para descubrir todavía.

Actualmente las culturas se han concentrado en la acumulación de riquezas. Sin embargo, hay muchas otras que han usado su tiempo, espacio, atención y energía para desarrollar las potencialidades imaginarias y simbólicas de la mente humana. Me refiero a los Mexica, Toltecas en México, Arhuacos y Kogis en Colombia, Qeros en Perú, Quechuas en Bolivia, entre tantos otros.  Ellos saben conjugar el equilibrio entre el hemisferio derecho e izquierdo. Nuestro cerebro actual está configurado a partir de lo que nuestra cultura nos permitió: podemos ver y sentir un número limitado de percepciones y sensaciones. Como dice Luis Carlos Restrepo, psiquiatra,  necesitamos “una liberación cerebral que sea capaz de romper el circuito inhibitorio del tálamo y el ocultamiento de las principales áreas del hemisferio derecho, para producir nuevas formas de codificación mental y desatar los umbrales mínimos de la percepción humana”. Y esto no es nuevo. Es la esencia del mensaje de los grandes maestros. Ya sabemos que no tenemos solo cinco sentidos, solo hace falta aprender a desarrollarlos. Conocemos los primeros cinco, pero está también el sexto, más el séptimo y octavo: la propiocepción y la intracepción, como nos cuenta Jon Kabat Zinn en sus cursos de Mindfulness. Y además de esos, hay muchos más, como me enseña mi amiga y maestra Inka Lekumberri.

El mes pasado tuve el honor de ser invitada a Nabusimaque, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia. Tierra de conciencia, de conexión y respeto por la Madre Tierra. En próximos artículos compartiré algunos de los profundos aprendizajes durante esos días intensos y de gran profundidad espiritual. Los arhuacos son una cultura de tiempo interno, donde los eventos y ceremonias empiezan y nunca se sabe cuándo concluyen. Un teti (hombre arhuaco) me dijo con firmeza: “Laura, acá no hay horas, acá tenemos tiempo”. Un tiempo que les permite ser con el Sol, con la Luna, el río y la Sierra. Un tiempo y espacio donde en medio de una meditación a la orilla del río cristalino, me di vuelta hacia mi derecha y me encontré con un caballo bebiendo al lado mío. Una realidad física sagrada, diferente a la nuestra, que permite que camines en compañía de cerdos salvajes, patos, ovejas, y otros animales. La gente se comunica con las aves, quienes les traen mensajes que ellos saben interpretar.

En el proceso de colonización en nuestro continente, muchas de estas culturas y conocimientos pasaron a ser considerados inferiores. Los indígenas fueron despreciados y sus prácticas fueron prohibidas. Se les dijo que su conocimiento estaba basado en meras supersticiones, y muchos de ellos lo creyeron, y adoptaron el paradigma de pensamiento occidental. La medicina chamánica que considera la unidad de cuerpo y alma fue suprimida, llevando a muchos pueblos a sufrir enfermedades, pobreza y a someterse a prácticas médicas que son ajenas a su cosmovisión.

“Es ante esta situación que el chamanismo contemporáneo tal como lo practicamos nosotros,  es crítico y liberador. Es volver a beber en las fuentes ancestrales de conocimiento y superar la filosofía de vida actual, la no unidad entre el hombre y la naturaleza, revalorizar los saberes originarios y cuestionar profundamente la destrucción de la selva y de las plantas medicinales y sagradas, la destrucción de los pueblos indígenas y sus saberes milenarios. El chamanismo para nosotros es también una forma de resistencia, porque no podemos continuar viviendo  como si nuestra vida no fuera importante”. Chamalú, en el libro Iveshama, Chamanismo Andino Amazónico, páginas 49-50.

Sin embargo, el chamanismo no es una receta para cambiar el modelo mental. Desde el punto de vista occidental podríamos entenderlo como una filosofía de vida, una concepción diferente del Universo, de la relación con los elementos, la Naturaleza, el Cosmos. Es una manera de vivir y estar en el mundo propia de la mayoría de los pueblos indígenas y tradicionales de la Tierra. También podríamos decir, como dice Ariel José James en la introducción del libro Chamanismo, el otro hombre, la otra selva, el otro mundo:

 “El chamanismo es la capacidad humana de establecer relaciones coherentes como un todo con las esferas sagradas, divinas y maravillosas del mundo. Es la visión de una realidad aparte que, sin embargo, está acá con nosotros. Chamanismo es arte. Chamanismo es posibilidad humana de creación”.

Y es aquí donde veo esa conjunción perfecta con la práctica de la PNL, al menos en la forma en que elegí  encararla. Seguiré aprendiendo, modelando, grabando sabiduría en mis músculos y en mi alma. Esta es una hermosa manera de profundizar, de ir a otro  nivel, de generar e invitar otras realidades a este plano.

¿Qué es coaching? ¿Cuándo es una excelente opción y cuándo no?

Por Laura Szmuch

En los últimos años el auge del coaching ha llegado a un punto tan alto que  cada vez más personas deciden hacer algún tipo de formación que los capacite en esta disciplina. Hay quienes optan por el coaching ontológico, otros coaching con PNL, coaching organizacional u otros, dependiendo de sus gustos y motivaciones. Hay quienes se entrenan porque buscan una salida laboral y otros están interesados en adquirir herramientas para mejorar la calidad de sus vidas.

Muchas personas han sido seducidas por los resultados rápidos que un buen proceso de coaching puede traer de la mano, por eso optan por profundizar en el repertorio de estrategias y distinciones que un entrenamiento profesional les ofrece. Dependiendo de la institución que cada persona elija, la duración de la formación, carrera o posgrado será diferente, como así también los contenidos que se les brinda a los estudiantes. Más allá de la fascinación que se produce en una persona que atravesó por un muy buen proceso de coaching con un profesional bien capacitado, es necesario que analicemos para qué cosas está preparado un coach, y para qué cosas no.

En este artículo no será posible hacer mención de las potencialidades de cada diferente tipo de coaching. Sin embargo, lo que se puede decir del mismo en forma general es que es una muy apropiada opción para ayudar a definir objetivos, acompañar en etapas de cambio personal o laboral, aclarar motivaciones y decidir rumbos, más una lista de beneficios como por ejemplo el desarrollo de liderazgo, resolución de conflictos, diseño de proyectos, modificación de clima laboral, entre tantas otras cosas. Tanto el coaching de vida como el empresarial optimizan tiempos y apuntalan el crecimiento de las personas, fomentan el autoconocimiento y mejoran la comunicación. La mayoría de los tipos de coaching trabajan sobre la forma en la cual las personas interpretan la realidad, y un proceso de coaching amplía el rango de posibilidades que el coachee (persona que consulta a un coach) percibe como opciones en su vida. Insisto, cada tipo de coaching utilizará diferentes metodologías para hacerlo. Si bien muchos coaches tienen varias formaciones, es necesario aclarar que no todos trabajan de la misma forma, dependiendo cuál sea el marco desde el cual lo hacen.

Ahora bien, una vez explicado lo mucho que un coach certificado puede hacer, también es imperioso mencionar lo que no puede hacer. Lo primero que un coach debe prestar atención es si el planteo que le trae un consultante es para ser trabajado desde el coaching o no. Hay temas que deben ser tratados en un ámbito terapéutico. Estamos de acuerdo en que muchas veces la línea para distinguir si un tema es para coaching o no es muy delgada. Cuando la persona presenta ciertas señales que indicarían la necesidad de una consulta con un psicólogo o psiquiatra el proceso no debe iniciarse o continuarse, o bien, el coach debe estar en contacto con un profesional de otro ámbito para trabajar en colaboración. Hay ciertas patologías que son agravadas si en un proceso de coaching se estimula, por ejemplo,  la seguridad y autoconfianza cuando la persona no está preparada para determinadas cosas. Si bien hay coaches que han estudiado psicología, la mayoría no lo ha hecho. En el coaching no se hacen diagnósticos, ya que un coach no está capacitado para hacerlos, a no ser que también haya estudiado otras disciplinas.

La psicoterapia (en cualquiera de sus formas) y el coaching de vida tienen muchos puntos en común, ya que ambos apuntan a un proceso de cambio. Sin embargo, hay personas que necesitan la primera, cuyo enfoque es sanar y restaurar el funcionamiento del paciente. En el coaching no hablamos de paciente.  El coachee es una persona que está activa en el diseño y construcción de su vida, y el coach lo acompaña y apoya en cooperación mutua. El coaching puede tener efectos terapéuticos, por supuesto. Sin embargo, insisto, es necesario que los coaches agudicen su escucha e incorporen las distinciones necesarias para saber si el consultante está necesitando otro tipo de apoyo.

Es necesario que los coaches sean conscientes de  qué pueden y qué no, y que la gente sepa que el coaching es una excelente opción, pero que no reemplaza una psicoterapia cuando esta es necesaria.

La transición entre un despido y una nueva oportunidad

Por Laura Szmuch

En estos días en los cuales tanta gente se está quedando sin trabajo, y muchas familias están entrando en situación de riesgo, es importante que, además de los reclamos sociales que se consideren necesarios, y cualquier acción legal que sea pertinente, las personas tengan apoyo emocional para mantenerse fuertes. También es imperioso que tanto en forma individual como en grupos, se puedan desarrollar proyectos innovadores en forma creativa que todos puedan dignamente llevar el sustento a sus familias.

Las heridas que causan los despidos masivos no se curan solamente con palabras bonitas y frases de motivación. Quienes están siendo afectados tan dramáticamente por las reestructuraciones en las empresas, por el modo en el cual ciertos despidos se están realizando, o por el estado de la economía necesitan mucho apoyo, comprensión y contención. Cuando esto les pasa a algunos, en realidad, toda la sociedad está afectada. El psiquiatra rabino Abraham J. Twerski dice, refiriéndose a quienes pierden sus puestos de trabajo: “La depresión que resulta de golpes tan devastadores no puede ser aliviada solo con Prozac, por lo menos no a largo plazo”. Sin embargo, el acompañarlos para hacerles saber que esto es un tema de todos, alivia en parte la sensación de desasosiego de quien de la noche a la mañana pierde la fuente de sus ingresos.

Cuando una persona pierde su trabajo, y todo lo que eso trae aparejado, empieza a cuestionar su propio valor, ante el dolor de que quienes lo han despedido lo considera prescindible. Aunque su mente sepa que la noción de sí mismo no debería depender de tener un trabajo o no, su tono muscular dice lo contrario. La sensación de indefensión social se ve claramente en su postura corporal, y puede tener repercusiones en su salud. La identificación con el espacio laboral, sobre todo si se ha estado allí durante un tiempo considerable, hace que de pronto la persona quede sin el escenario que de alguna manera le dio cierta percepción de seguridad. Ante la pérdida de un trabajo, hay diferentes tipos de reacciones, dependiendo de varios factores: edad, personas a cargo, ocupación, dinero disponible para vivir hasta poder comenzar otra cosa, red de contención, y experiencias previas relacionadas con las pérdidas y la forma en la cual fueron procesadas. Cada persona reacciona de modos diferentes, de acuerdo a cómo perciba sus posibilidades, entre otras cosas.

Ante una persona que pierde un trabajo, es necesario que quienes están cerca lo apoyen recordándole que tiene una cantidad enorme de recursos internos, y que es necesario que comience a activarlos. En tiempos difíciles las familias o los grupos de pertenencia son necesarios para sostener, dar afecto y mostrar apreciación.  Si la persona se mantiene fuerte, tendrá más posibilidades para generar proyectos que le garanticen una salida laboral digna para seguir adelante.

Ante el hecho de quedarse sin fuente de ingresos, es indispensable empezar a generarlos hasta que otra posibilidad aparezca. No se trata de quedarse esperando hasta que surja el trabajo ideal, sino seguir activo hasta poder reinsertarse en un mercado que se está achicando. Es decir, la propuesta es mantener o inducir un estado de ánimo generativo, y no quedarse sentado cruzado de brazos rumiando el dolor que el despido causó.  Es decir,  es imprescindible no alimentar la impotencia y la tristeza, y sí nutrir la confianza y la dignidad. Ante lo que sucedió, es importante generar una respuesta vital para salir adelante.

Algunas preguntas para acompañarlo en este momento:

Sin pretender sonar simplista a partir de una situación grave, lo invito a pensar qué oportunidades pueden abrirse a partir de ese despido.

¿Qué cosas puede comenzar a generar? ¿Con quién puede asociarse? ¿Quién puede ayudarlo?

¿Qué nuevos modos de pensar pueden contribuir a que usted pueda generar un proyecto propio, por ejemplo?

¿Qué necesita para hacerlo? ¿Con qué recursos cuenta?

¿Qué habilidades y características personales lo habilitan a solicitar otro empleo? ¿Cuáles son sus cualidades?

¿Hay algo que necesita aprender?

¿Hay algo que siempre supo y nunca aplicó?

Mientras no tiene trabajo, aproveche el tiempo para aprender cosas: siempre hay cursos, lecturas, páginas web que pueden ayudarlo a desarrollar o activar esos recursos internos que hasta ahora han estado inactivos. La actitud que mantenga en este momento es clave para la proyección laboral.

El acompañamiento de un coach en este momento es ideal, por eso en momentos como este sería interesante que se pudieran formar grupos de coaching solidario, para acompañar a quienes están en la transición entre un despido y una nueva oportunidad, ya sea otro puesto de trabajo, o la creación de un proyecto propio. También son momentos para desarrollar movimientos solidarios hacia quienes están sufriendo la crisis más que otros.

Aprender a pedir perdón

Por Laura Szmuch

Todos estamos interconectados, por lo tanto,  lo que hacemos y cómo lo hacemos, inevitablemente, repercute en nuestras relaciones.  Puede suceder que  algunas personas se sientan heridas por algo que dijimos o no dijimos, hicimos o no hicimos, sin que nosotros nos  hayamos dado cuenta de que la expectativa que se tenía sobre nuestra conducta era muy diferente a la forma en que actuamos. ¿Qué hacemos cuando cualquiera de estas cosas ocurre?

Los seres humanos actuamos y muchas veces lo que hacemos hace daño. Ya sea por nuestra falta de conciencia, ignorancia o descuido, los demás pueden verse afectados negativamente por nuestras acciones. Cada vez que tomamos una decisión, alguien es afectado. No hace falta tener la intención de lastimar a otro, sin embargo, podemos hacerlo por accidente o porque la otra persona interpretó nuestras acciones de forma muy diferente a la nuestra.

Si bien hay gente que hace  cosas en contra de otros con total alevosía, sabiendo que esa acción les va a causar problemas, hay otras personas que se ven en medio de situaciones que no habían previsto.  Un posible escenario es el hacer algo sin tener en cuenta la opinión de los demás involucrados, creyendo que es la única o mejor opción.  Veamos un ejemplo: sin  consultar con su esposa, Juan decidió vender el auto. Pensó en el bienestar de familia, pero no contó con la opinión de su pareja. Ella sintió que al momento de tomar decisiones, su marido pensó solamente en su propio beneficio. Ella se enojó y él escuchó sus reproches durante varios meses. Juan no quiso hacer daño, su intención pudo haber sido solucionar problemas, pero su actitud causó una respuesta que él no había imaginado.

Otra situación posible es manejar parámetros muy diferentes a los de las otras personas. Si no compartimos modos de ser, de pensar o valores, lo que puede pasar es que los demás esperen de nosotros lo que nunca prometimos hacer. Cuando en una relación una persona maneja determinadas reglas acerca de las cosas, aprendidas en su cultura o entorno familiar, y la  otra persona no sabe qué es importante para el otro, seguramente va a haber bastantes malentendidos, ofensas y reproches. Frases que nos muestran que las personas se manejan desde puntos de vista muy diferentes podrían ser:  “Se supone que en casos como este deberías…” “Tendrías que haber hecho….” “ Lo más lógico es…”. Las interpretaciones que cada persona le da a las acciones de los demás tienen que ver con su modo de ver las cosas y no con el hecho de que la persona haya actuado bien o mal.

Ya sea que hagamos algo y no nos demos cuenta de las posibles consecuencias, lo hagamos adrede, o simplemente actuemos y los demás nos culpen de algo que para nosotros es normal, lógico o está bien hecho como lo hicimos, se genera un conflicto cuando alguien se siente dañado o lastimado.  El gran problema es que todo esto genera emociones que no ayudan en la construcción de relaciones sanas. Cuando se mantienen por mucho tiempo, el enojo se transforma en resentimiento, el dolor en sufrimiento, y la tristeza en angustia profunda.  Por otra parte, la culpa que puede surgir en la persona que hizo algo que terminó mal, puede inmovilizarlo para seguir adelante con su vida. La culpa causa sufrimiento crónico, malestar, agobio, enojo volcado hacia uno mismo. En algunos casos la culpa llega a ser torturadora, especialmente si la persona siente que ha trasgredido valores o ha herido sin darse cuenta.

Por eso siempre es necesario aprender a restablecer el equilibrio. Una muy buena manera de hacerlo, es considerar la posibilidad de reparar lo que se ha lastimado. La reparación es una forma sana de colaborar con el orden de la vida. ¿Y cómo se hace esto? El primer paso es pedir perdón.

Si sentimos culpa por algo que hemos hecho, en lugar de torturarnos, una mejor opción es el considerar el desagravio por lo que se ha causado.  Muchas personas llevan durante años cargas innecesarias por no haberse disculpado por cosas que tal vez a los demás no les parecieron tan graves. Germán, a los 45 años,  le escribió un mail de disculpas a una mujer de su edad que había sido su compañera de juegos durante la infancia porque cuando eran chicos le había hecho un comentario discriminatorio. Él solo entendió la gravedad de lo que había dicho cuando creció, y durante mucho tiempo no lo pudo soportar. Cuando se animó a hablar con ella y se disculpó, él pudo recuperar una parte de sí mismo que no le había permitido sentirse bien durante demasiado tiempo. Por otra parte, aunque ella ya había olvidado lo que había pasado tanto tiempo atrás, se sintió muy respetada al recibir esas disculpas aún después de varias décadas.

Si sabemos que otros están enojados con nosotros por algo que hicimos, aunque no entendamos por qué el otro interpretó nuestras acciones de ese modo, es bueno tener una conversación con la otra persona,  explicarle nuestro punto de vista y pedirle disculpas, tal vez no por lo que hicimos, sino por cualquier daño que ellos hayan sentido que hemos causado. Nosotros no tenemos control sobre cómo los demás perciben las cosas y cómo eligen actuar o reaccionar. Sin embargo, es muy sabio poder decir. “Te pido perdón por cualquier inconveniente, dolor o daño que mis acciones hayan causado. No fue mi intención hacerlo”.

Y si el daño causado es realmente muy grande, además de pedir perdón, es imprescindible ofrecer una reparación. No siempre la reparación va a anular los efectos de lo que ha sucedido, pero si las personas no saben ofrecerla, siempre se sentirán merecedoras de castigo. Con el tiempo el terrible malestar por lo ocurrido se endurecerá y afectará todas las áreas de su vida. Es imprescindible hacer algo diferente, nuevo, satisfacer las necesidades de las personas afectadas, y evitar el auto martirio estéril esperando algún tipo de castigo.

Admitir nuestros errores, o hacernos responsables del resultado de nuestras acciones aunque no sean los que tuvimos en mente, ser lo suficientemente humildes para acercarnos a otro desde el corazón para decir: “Lo siento”.  “Discúlpame”.  “Te pido perdón”. “¿Qué puedo hacer para reparar este daño?” evidencian una persona emocionalmente madura, comprometida con la libertad de ir tejiendo relaciones sanas, de abrazar lo que sucede y aceptarlo para poder cambiarlo  y mejorar la calidad de vida y de la disponibilidad interna para nutrir buenas relaciones.

 

¿21 días para formar un hábito?

Por Laura Szmuch

Los seres humanos tenemos la capacidad de realizar acciones intencionales, y movernos en dirección al logro de nuestros objetivos. Muchas personas se preguntan cuánto tiempo les puede llevar acostumbrarse a comer en forma saludable, sostener una actividad física, tener una rutina de cuidado personal, o empezar y sostener una práctica meditativa. Algunos científicos estudian nuestra base neurobiológica para establecer si las acciones motivadas por objetivos pueden convertirse en hábitos.

Se suele decir que se necesitan 21 días para formar un hábito. ¿Esta información es correcta?      

Veamos de dónde viene esta información. En los años 50, un cirujano plástico, el Dr. Maltz, comenzó a notar que cuando realizaba una operación, sus pacientes necesitaban 21 días para acostumbrarse a su nueva cara, si había realizado una cirugía de nariz, por ejemplo, o, en caso de amputaciones, que la persona se adaptara a esta nueva situación. Entonces empezó a investigar cuánto tiempo le llevaba a él adquirir hábitos y llegó a la conclusión de que se requiere un mínimo de 21 días para que una imagen mental vieja se disuelva y se pueda formar una nueva. Su libro acerca de este tema fue un gran best-seller. A partir de ahí, su trabajo influenció a muchos escritores de libros de autoayuda.  Pareciera que la información se transmitió un tanto distorsionada. Así se empezó a esparcir esta idea, y mucha gente entendió que el 21 era un número mágico. De esta forma, se formó el famoso mito en relación a la formación de hábitos.

Si bien parece muy motivador creer que en ese período de tiempo podemos modificar nuestra vida, veamos qué dicen algunos científicos que han estudiado el tema. Una investigadora del University College London, la Dra. Phillipa Llaly (2009), investigó este tema. Llegó a la conclusión de que el tiempo para llegar al nivel de automaticidad, dependiendo de la persona, variaba entre 18 y 254 días.  Notó que la repetición de una conducta en forma consistente, aumentaba la posibilidad de que esa conducta se convirtiera en hábito.

¿Qué diferencia hay entre una acción y un hábito?

Cuando realizamos una acción por primera vez, necesitamos planificarla, aunque solo lleve unos momentos de atención antes de realizarla. A medida que vamos repitiendo esas acciones en determinados contextos, empiezan a volverse más automáticas y requieren menos tiempo de planificación previa. Los hábitos nos ayudan ya que nos liberan de la necesidad de estar desarrollando estrategias todo el día para hacer acciones básicas: preparar un té, andar en bicicleta, darnos una ducha y también algunas rutinas un poco más complejas.  Los hábitos son una gran ayuda, ya que nos permiten no tener que estar decidiendo nuestros actos todo el tiempo. Las rutinas nos ahorran tiempo, y liberan nuestra atención para hacer otras cosas que nos importan.

Sin embargo, hay hábitos que no nos sirven, y no son saludables. Según la ciencia, es más difícil perder un hábito, que incorporar uno nuevo. Una investigadora y profesora de Neurociencia en el Departamento del cerebro y ciencias cognitivas del MIT, Ann Graybiel (2005) demostró los patrones neurales en zonas específicas del cerebro cada vez que se modifica un hábito.  Las neuronas cambian su forma de relacionarse entre ellas cada vez que un nuevo hábito es adquirido. Sin embargo, es asombroso notar que es mucho más complicado revertir el proceso. Estos patrones ocurren en los ganglios basales, una región cerebral donde se alojan los hábitos, las adicciones y los aprendizajes, especialmente de procedimientos. Según sus estudios, los hábitos más arraigados no se eliminan del todo, lo cual explicaría por qué es muy difícil para algunas personas dejar de fumar o de comer compulsivamente.

¿Cuánto tiempo lleva realmente formar un hábito nuevo?

De acuerdo al estudio de la Dra. Llaly, el promedio es 66 días. Eso depende del tipo de conducta, de la persona y de las circunstancias. El estudio también demuestra que si la conducta se saltea en alguna oportunidad, eso no afecta el proceso de formación del hábito. Es decir, construir buenos hábitos no es cuestión de todo o nada.

Todos los hábitos que tenemos, ya sea que nos hagan bien o no, son el resultado de pequeñas decisiones, conscientes o no conscientes, que vamos tomando a lo largo de nuestras vidas. Cuando queremos realizar un cambio, es necesario recordar que nos llevó mucho tiempo llegar hasta aquí, y necesitamos prepararnos internamente para modificar eso que ya hemos guardado en nuestro sistema neurológico. Las transformaciones no ocurren de la noche a la mañana. Nuestra vida actual es la suma de todos los hábitos que fuimos adquiriendo.

Todo lo que hacemos y pensamos en forma repetida va moldeando quienes somos. Hay hábitos relacionados con conductas, otros con pensamientos y también otros que están relacionados con nuestro sentido de identidad. El profesor de Stanford B.J. Fogg sugiere que para adquirir un hábito, como por ejemplo, usar hilo dental, debemos comenzar con una pequeña acción, aunque sea insignificante. No importa cómo lo hagamos, sino que pensemos en convertirnos en el tipo de persona que realiza ese hábito. Para que un hábito perdure, debemos asociarlo con algún tipo de placer o recompensa, por ejemplo, la celebración y reconocimiento de que estamos yendo por buen camino. Es importante también asegurarnos de que los hábitos que deseamos construir sean realmente significativos para nosotros, es decir, que sean iniciados y mantenidos por nuestro propio deseo y no porque suponemos que debemos hacerlo para complacer a otra persona.

Según James Clear, escritor que se ha dedicado a investigar este tema,  la clave para construir hábitos a largo plazo es crear una nueva identidad primero.  Las conductas actuales reflejan la identidad actual. Lo que hacemos es un espejo del tipo de persona que creemos que somos. En la misma línea, Rafael Echeverría, el creador de la ontología del lenguaje, dice: «El mayor desafío que enfrentamos los seres humanos no es el conocernos a nosotros mismos. El mayor desafío es el de inventarnos a nosotros mismos. Los seres humanos participamos con los dioses en el acto sagrado de nuestra propia creación».

Si cambiamos la noción de quienes somos, es más sencillo crear nuevos hábitos. Es por eso que a través de disciplinas como el coaching ontológico, que  apunta a una descripción nueva de nuestra identidad,  a  través de la PNL, que trabaja profundamente en las creencias que potencian o limitan a una persona,  de la Neuroeducación que aporta información útil acerca de la neuroplasticidad, o del Mindfulness o atención plena, que nos lleva a grandes niveles de conciencia de nuestras acciones, se puede crear hábitos elegidos y duraderos, que contrarresten los que ya no queremos tener y parece tan complicado desactivar.

Investigación de la Dra Llaly    http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ejsp.674/abstract

Investigación de la Dra Graybiel    http://news.mit.edu/2005/habit

Trabajo del Profesor Fogg    http://www.foggmethod.com/

 

 

Qué es y qué no es la PNL?

Por Laura Szmuch

PNL significa Programación Neurolingüística y  surgió en los años 70 a partir de  la curiosidad de Grinder (lingüista) y Bandler (matemático)  de entender la relación entre la experiencia subjetiva y las conductas de las personas.  Desde ese momento hasta ahora el campo de estudio, investigación y aplicación ha crecido enormemente, y actualmente podríamos decir que el nombre ha quedado pequeño y poco descriptivo del trabajo que los practicantes de la PNL realizan.

Esta es una metodología sumamente generativa: desde los comienzos se  puso énfasis en el modelado, es decir, en descubrir cómo las creencias, los valores, el modo de pensamiento de las personas (que en ese momento se ejemplificó con la metáfora de la computadora y sus programas, de ahí el nombre “programación”), influyen enormemente en el campo de lo que la persona percibe como posible y por lo tanto, realiza, y también lo que  interpreta como imposible, y por eso ni siquiera lo intenta.

Desde sus orígenes hasta ahora, ha ido creciendo y desarrollándose de modos diferentes de acuerdo a quiénes la  transmiten, investigan o practican. El énfasis inicial fue entender qué hacen los buenos comunicadores  y fomentar  la sintonía o rapport entre las personas, tomar en cuenta los canales sensoriales con los cuales organizamos la información, el lenguaje verbal y no verbal, el logro de objetivos, y muchos otros temas.  A lo largo de los años han surgido otros intereses: el modelado de líderes, personas que consiguen lo que se proponen y gente que es muy buena en lo que hace.

Las definiciones de PNL que hemos encontrado son muy diversas, ya que su alcance es grande, y gracias a los aportes de otras disciplinas ha ido creciendo y enriqueciéndose. Como la presuposición principal de la PNL es “El mapa no es el territorio”, el practicante de la PNL es invitado a entender desde un principio en su formación que cada persona es diferente: cada mente es un mundo, y no todos percibimos e interpretamos la realidad de la misma forma. El tomar en cuenta la maravilla de que todos somos únicos e irrepetibles le da una riqueza indescriptible a esta disciplina, y al mismo tiempo, nos lleva a notar, varias décadas después de que fuera inicialmente concebida, que podríamos hablar de varias PNLs, tantas como practicantes hay en el mundo.

Es por eso que a muchas personas se les hace un tanto desafiante explicar qué hacen cuando dicen que practican Programación Neurolingüística: saben que les gusta, que les hace bien, que les ha traído cambios muy positivos en su vida, que ha mejorado sus relaciones, evitado o solucionado conflictos internos o con otros, sin embargo, no pueden explicar de qué se trata. La respuesta ante quien pregunta, muchas veces es: “Hacé un curso o taller, ahí vas a tener la vivencia”.

Si bien la PNL ha sido criticada por no tener sustento científico, a lo largo de los años se han publicado investigaciones, principalmente en el campo de la educación. En este momento hay grupos de practicantes y entrenadores que están trabajando seriamente en la investigación. De todas formas, no por no ser científico  debe ser descartado. El yoga, por ejemplo, que ya lleva varios miles de años en el mundo, recién está siendo investigado científicamente ahora, con descubrimientos y confirmaciones de cosas que los yoguis ya sabían aún sin tener los instrumentos para medir actividad cerebral o cambios fisiológicos.  En la actualidad, con la tecnología apropiada, muchas  universidades se dedican a eso.

La PNL, que entre tantas cosas que podemos decir de ella, es una exquisita tecnología para mejorar la calidad de vida de las personas, es decir, la nuestra. La PNL es muchas cosas, pero NO es tantas otras.

La PNL no es una serie de técnicas mecánicas, aplicables fuera de contexto. Es decir, las prácticas dentro de esta disciplina se hacen desde un estado de preparación interna, una actitud mental de curiosidad y apertura, y el deseo auténtico de aprender acerca de nosotros mismos, para modificar lo que decidamos que ya no nos está sirviendo.

La PNL no es algo que alguien “le” hace a otro. Si bien un proceso de aprendizaje de PNL puede resultar sumamente terapéutico, es, principalmente eso, un proceso de aprendizaje. Las personas siempre deciden qué es lo que desean modificar y cómo, ya que una de las premisas básicas de la PNL es aumentar la capacidad de elección y la autonomía de los practicantes.

La PNL no es una filosofía de pensamiento positivo. El practicante de la PNL reconoce lo que no está bien en su vida, o no es como le gustaría, para poder cambiarlo. Es verdad, se desarrolla la conciencia de la importancia de la actitud, pero no es una disciplina: “Don’t worry, be happy” en medio de una situación que debe ser resuelta.

La PNL no es un libro de recetas fáciles para alcanzar el éxito en una semana. No hay formulas fijas, cada persona es única. No todos tienen los mismos objetivos, ni definen éxito de la misma manera. Y sobre todo, la PNL no ofrece recetas.  La responsabilidad personal es altamente valorada.

La PNL no se usa para programar ni manipular a otros, por lo menos no desde la ética que compartimos los miembros de la Red Latinoamericana de PNL.

 

Gramática motivacional en el ámbito laboral

El mundo entero es un escenario,
y todos los hombres y mujeres meros actores.

William Shakespeare

 

Por Laura Szmuch, inspirado en la “Gramática de los Motivos”, de Kenneth Burke (1969).

La motivación es la fuerza que mueve a las personas a hacer lo que hacen.

 

La existencia humana se resume en cada obra de teatro, y su estructura es la misma. Kenneth Burke postuló un modelo que se considera esencial en los análisis retóricos.  Es una péntada, cuyos elementos responden a la pregunta acerca de qué está implicado cuando indagamos por qué la gente hace lo que hace. Para comprender los motivos de nuestras acciones debe haber un hecho concreto o ACTO, una ESCENA, lugar o contexto donde ese acto ocurre, una persona que lo lleva a cabo: el AGENTE, los medios que lo han llevado a actuar: la AGENCIALIDAD y el PROPÓSITO con el cual ha actuado.

Para analizar la motivación por la cual una persona hace algo, es necesario considerar cada uno de los vectores de esta péntada, ya que cada uno de ellos influye en el otro. Es válido preguntarnos: ¿Qué revela esta acción sobre esta persona? ¿Qué nos muestra acerca de su propósito?

Comencemos por el elemento fundacional: la escena.

Escena

La escena es el espacio, tanto físico como emocional y/o psicológico donde toma lugar la acción.  Son las condiciones y el momento donde las cosas transcurren. En ese espacio se dan las interacciones entre las personas o agentes.

 

La fuerza motivacional del espacio donde los eventos tienen lugar no puede subestimarse.  Las escenas contienen las acciones, es decir, el lugar en gran manera determina qué puede hacerse y qué no. También el espacio influye en cómo se llevarán a cabo esas acciones.

La relación que cada persona (agente) tiene con su espacio influye notablemente la forma en que actúa. Desde el punto de vista motivacional, la calidad de una acción está implícita en la calidad de una escena. Cuando los agentes o personajes están interactuando, las condiciones escénicas pueden ser consideradas el ambiente, y cualquier acto puede ser considerado  parte del contexto que modifica los actos siguientes. Si bien esta péntada tiene cinco elementos, es necesario tomar en cuenta que son un sistema en el que se interactúa, al superponerse los elementos y complementarse. El término escena generaliza el concepto tanto de espacio físico como de antecedentes históricos, encuadre o versión. Es un término que refiere a cualquier situación en la cual se ubiquen los actos y los agentes. Cada vez que se analice un acto, una acabada discusión acerca de sus motivos debe contener algún tipo de referencia a la escena en donde tiene lugar

Términos que pueden ser usados como sinónimos de escena son: la sociedad, el medio, la situación política, localizaciones específicas como ser lugar y hora. También pueden ser considerados escena las expresiones metafóricas como: “climas de opinión”, “escenario de ideas”. La máxima militar “el terreno determina las tácticas” demuestra la relación entre escena y acto.

En el ámbito laboral, podemos darnos cuenta de que los trabajadores hacen o dejan de hacer está altamente  condicionado por el espacio donde se desempeña. No es lo mismo un lugar bien decorado, ventilado, cómodo, que horas interminables con luz artificial y olor a encierro. También es importante considerar cómo el clima laboral que podemos definirlo como las relaciones comunicativas y de confianza que se establecen entre los trabajadores pueden propiciar o inhibir el buen ejercicio de las tareas.

Un trabajador que se siente fastidiado o presionado por el ambiente, el clima, y las relaciones con los demás trabajadores, no va a realizar lo que debe hacer con la misma calidad que si ese espacio propiciara las acciones esperadas. Los actos suelen estar alineados con las escenas, y las escenas con los actos. Es decir, las actividades de las personas influyen en la escena, y ayudan a mantenerla, propiciarla, mejorarla o empeorarla. Un cambio físico puede tener gran influencia en las acciones: un reordenamiento de escritorios y material de trabajo, una mejor decoración del espacio, y sobre todo, una mayor atención a cómo la gente se está relacionando entre sí, tienen gran peso en la motivación laboral.

Acto

El acto es lo que sucede en determinado tiempo y espacio. Como ya dijimos, la calidad de la escena lleva implícita la calidad de la acción que va a tomar lugar en la misma. Es importante distinguir entre acto y escena, pero es importante reconocer su interdependencia.

Muchas veces se reduce la acción a mero movimiento. La diferencia entre acto y movimiento es que en la primera hay propósito, mientras que en la segunda el actor parece ser movido automáticamente. La profesión, la vocación, las políticas, las estrategias y las tácticas son conceptos de acción. Sin embargo, ciertas tareas llevadas a cabo en forma casi automática el elemento de acción se reduce al mínimo, y se transforma en simple movimiento, por ejemplo en operaciones puramente administrativas, el archivado, el trabajo en una línea de producción, entre otros.

Agencialidad

El tercer elemento es la  agencialidad y se refiere a las teorías implícitas, creencias y valores, que rigen y sostienen a las acciones. Son esas teorías o programas, precisamente,  las reglas que gobiernan  las acciones.  Burke señala que dos personas, realizando uno al lado de otro los mismos movimientos, están realizando diferentes actos, en relación a las diferencias en sus actitudes en relación a su trabajo. Da como ejemplo la diferencia entre manejar un elevador en el sistema privado y  hacerlo en un sistema comunitario. De acuerdo Burke, desde el punto de vista de esta péntada, se podría colocar la agencialidad como el punto más alto. La acción voluntaria, la agencialidad humana y la causalidad personal son factores motivacionales básicos.

 Agente

El agente, es quien realiza el acto.  Este elemento necesita una subdivisión: agente, co-agente y contra-agente. El agente es quien actúa, sin embargo, su acción puede depender, o estar completa o parcialmente modificada por un co-agente (amigo) o contra-agente (enemigo). Como vimos antes, el elemento escénico tiene una enorme influencia sobre los actos llevados a cabo por el agente, y su alcance está relacionado con las reglas para la acción (agencialidad) que tenga cada uno de los agentes. La escena influye tanto como para propiciar determinado tipo de acción, o para motivar el deseo de modificarla.

Propósito

Finalmente, el quinto elemento de la péntada es el propósito. Una vez que la agencialidad ha salido a la superficie, los otros términos se acomodan fácilmente a la regla. Los materiales escénicos se convierten en medios que los organismos emplean en el proceso de crecimiento y adaptación. El organismo mismo es una confluencia de medios, y cada parte está al servicio de las otras partes.  Burke dice que al referirse a propósito, puede estar haciendo alusión a algo místico, a la esencia divina, a la fuente creativa. De todos los cinco términos, el propósito se ha convertido en el más susceptible de disolución, en relación al reconocimiento formal que recibe. Se podría decir que el propósito es supervivencia implícita. De la misma forma el propósito está implícito en los conceptos de acto y agente y de agencialidad, ya que las herramientas y los métodos tienen un propósito.  Si bien la reducción conductista-materialista de la escena ha eliminado al propósito, el rol gramatical queda implícito en el elemento que se constituye en su substituto.

Una vez explicada la péntada, pasemos a  una aplicación práctica reflexiva.

Escena:

Espacio físico

¿Cómo es el ámbito laboral en el cual te desempeñas?

¿De qué manera el espacio físico propicia o limita tus acciones?

¿Qué cambios podrías realizar a tu lugar de trabajo para que te resulte más fácil llevar a cabo las acciones laborales que desempeñas o deberías desempeñar?

¿Qué nuevos espacios podrías crear?

Con respecto al entorno emocional

¿Cómo son las relaciones entre las personas?

¿Cómo se llevan y comunican?

¿Cómo se saludan?

¿Cómo es el trabajo en equipo?

¿Qué tono de voz usan para comunicarse?

¿Se comunican, o suponen que todo es obvio, que el otro ya debería darse cuenta?

¿Hay capacitación laboral?

¿Se toman en cuenta las aspiraciones de las personas que trabajan juntas?

¿Qué estado de ánimo predomina?

¿Cómo se nutren las relaciones?

Acto:

¿En qué consiste tu trabajo?

¿Es algo mecánico o está alineado con un propósito?

¿Son acciones diseñadas por un equipo, consensuadas, o actos aislados?

¿De qué manera podés ver la relevancia de tu trabajo en relación al trabajo que desempeñan otras personas?

¿Sabés cuál es la importancia de lo que estás haciendo?

¿Qué pensás acerca de la forma en que usás tu tiempo?

¿Qué relación hay entre tus actividades laborales diarias y tu propósito laboral?

Agente:

¿Cuál es tu rol dentro de tu ámbito laboral?

¿Conocés la descripción de rol de tu puesto de trabajo?

¿Qué preparación tenés para el trabajo que realizás? ¿Cómo seguís aprendiendo y capacitándote?

¿Cuáles son tus expectativas de crecimiento en tu carrera?

¿Quiénes son las personas con las cuales trabajás y de qué manera se comunican?

¿Con quiénes trabajás codo a codo y con quiénes tenés conflictos? ¿Qué tipo de conflictos son, y cómo los resuelven?

Agencialidad:

¿Qué pensás acerca del trabajo que realizás?

¿Qué opinás acerca del lugar, de tus compañeros, de tus posibilidades en ese lugar, de lo que ganás?

¿De qué modo tus ideas políticas afectan tu trabajo?

¿Qué crees acerca del trabajo en general?

¿Qué pensás acerca de vos mismo, de tu rendimiento, de tu desarrollo?

Propósito

¿Para qué trabajás?

¿Qué es lo que hace que te quedes en el lugar donde estás?

¿Para qué te preparaste, por qué elegiste el tipo de trabajo que realizás?

¿Cuál fue tu visión en el momento de decidir a qué dedicarte?

¿Cuál es tu visión ahora?

 

Yoga+,  julio 2017

 

¿Me contás un cuento?

Juan y María llegan a casa después de un largo día de trabajo. Le dan un beso a Joaquín en la mejilla, mientras el chiquito sigue con los ojos en la pantalla de la Playstation. Pone la carita para el beso, y luego endereza el cuello y continúa su sesión de hipnosis con el divertido juego.
La pareja prepara algo para comer, y mientras se cocina, chequean sus correos electrónicos: uno en el celular, y otro en la tablet. Cuando la cena está lista, y después de llamar a Joaquín por lo menos cinco veces, la televisión es el cuarto comensal. Por supuesto, la familia conversa durante la cena, y el tema es el programa que están mirando.
Sacan de la mesa, Joaco vuelve a su juego, y así van pasando los días, dejando la comunicación familiar más profunda para las vacaciones. “Con la corrida de todos los días, viste, no tenés mucho tiempo para hablar con tus hijos”, se excusan los padres.

Otra versión de la misma historia:
Los papás llegan, Joaquín juega, como cualquier chico, y cenan, como todas las familias. Y cuando ya levantaron de la mesa, y acomodaron juntos, mamá o papá se sientan con su hijito a contarle un cuento. Puede ser un cuento inventado, leído de un libro, o simplemente recordado. Es un momento para estar cerca, para que haya contacto piel a piel, ojo a ojo. Para escucharse, y ver si el cuento le da lugar a Joaquín a contar algo que pasó durante el día.
El escuchar cuentos favorece la autoestima del niño. ¿Cómo es eso? Mamá, papá, o quien esté contando le está dedicando tiempo, lo mira, tal vez lo acaricia, lo toma en cuenta. El chico pasa a ser el centro de la atención del narrador, en lugar de cualquier otra distracción. La computadora, la televisión, los juegos electrónicos son maravillosos, no estoy proponiendo que no haya lugar para ellos. Lo que estoy sugiriendo es que además de ellos, las familias puedan agregar también momentos compartidos, por ejemplo, a través de los cuentos, las canciones, el deporte, o alguna actividad lúdica.
Si dedicamos tiempo y ganas a hacer cosas juntos, nos enteraremos de qué piensan y sienten nuestros hijos, y los acompañaremos activamente en su crecimiento.
Laura Szmuch

10 claves para entender el fenómeno del coaching.

Los coaches invaden empresas, la televisión y la educación, entre otros ámbitos. Infobae dialogó con una especialista para determinar de qué se trata la profesión, cuáles son sus características y quiénes pueden realizarla