PNL modelado chamánico

Los lectores de este artículo probablemente ya tienen una idea acerca de qué es la PNL, por eso comienzo contándoles qué es el chamanismo. Es la práctica espiritual más antigua, y hay quienes lo definen como el ancestro de todas las religiones modernas. Como método es una forma de meditación combinada con intención enfocada para el logro de diferentes tipos de objetivos. Como práctica espiritual, es un modo de vida para quienes viven a través del camino de revelación directa. Así lo definen Sandra Ingerman y Hank Wesselman, conocidos practicantes de neo chamanismo. En las culturas chamánicas, el chamán es aquel que sabe, o que sabe ver en la oscuridad.

Una de las presuposiciones básicas de la PNL es la famosa frase de Korzibsky “El mapa no es el territorio”. Es una de las primeras cosas que se enseña en cualquier formación en PNL, sin embargo, es el desafío más grande de los practicantes de esta disciplina, aún aquellos con larga trayectoria y mucho entrenamiento.

La PNL ya lleva varias décadas de desarrollo, y el gran reto que todavía tenemos pendiente es aprender a visitar otros mapas, no solamente los relativamente cómodos o cercanos, sino los que nos proporcionan otras culturas y modos de ser y estar en el mundo muy diferentes al nuestro. Acostumbrados al monocultivo de nuestra mente, al más de lo mismo porque es conocido, seguro y cómodo, en este momento de nuestro desarrollo nos inspira ir más allá y visitar otras dimensiones, para descubrir nuevos modelos con la metodología generativa que nos proporciona la Programación Neurolingüística. Nos motiva la operatoria sobre el misterio, y sabemos que hay muchos espacios que no hemos explorado en nuestra cultura.

Acostumbrados a lo lineal, a la tercera o hasta la cuarta dimensión, nos fascina la idea de ir a una quinta, tan conocida por las culturas ancestrales y chamánicas de diferentes partes de nuestro planeta.

En PNL hablamos de agudeza sensorial, nos entrenamos a estar presentes con todos los sentidos: a ver más, a escuchar con atención plena, a sentir y a desarrollar nuestra propiocepción e intracepción. Notamos en qué parte del cuerpo se aloja una emoción, detectamos las submodalidades de una sensación, y también reconocemos señales en el lenguaje no verbal, gestos y micro expresiones en otras personas.

Nuestra propuesta es ir más allá de eso para desarrollar la agudeza perceptual, que nos permita detectar energías, aperturas de campos relacionales y campos creativos o generativos.

Con tanto énfasis en los últimos años en el interés en todo lo que es “Neuro” y el estudio del cerebro, neurociencias y en el foco en nuestro “hardware” en general, nos fascina enterarnos de que la mente no es local: no se encuentra en el cerebro solamente. Esto lo han sabido los yoguis, los chamanes, y muchos sabios durante miles de años. Nosotros lo estamos comenzando a aprender a partir del estudio de sus conocimientos, algunos encuentros, lecturas y experimentación propia.

La ciencia ya lo explica, la medicina le está prestando atención: hay territorios de la conciencia que todavía no han sido explorados, y nosotros, los PNListas, tenemos muchos recursos para comenzar a hacerlo. Por eso, nuestra propuesta es ir más allá de los mapas que nos restringen, y actualizar nuestro software investigando lo que los primeros PNListas estuvieron haciendo por lo que hemos estado descubriendo en nuestra búsqueda. En la revista Anchor Point, que se publicaba en EEUU hace muchos años, hay varias referencias a modelados de culturas ancestrales: rueda medicinal, animales de poder, entre otros.

En el enfoque que proponemos, en concordancia con lo que nos enseñan los chamanes, nos inspira el hecho de saber que podemos ir un paso más allá de lo que veníamos haciendo: al modificar la percepción de la realidad desde otra dimensión, podemos influir en el mundo material. Sabemos que de este modo muchas personas han conseguido remisión de enfermedades que a nivel de sanación física solamente no ocurrían, y podemos generar paz en comunidades, empresas y familias. Muy en línea con nuestro trabajo como PNListas, los chamanes nos cuentan que la realidad emerge de las expectativas de las personas y las sociedades.

Muchas de las cosas que trabajamos a nivel metafórico, para los chamanes es real: la mayoría de las culturas chamánicas hablan de diferentes mundos, de comunicación con variedad de entidades, por ejemplo: los árboles, las plantas, los animales, y también los duendes y las hadas, entre otros.

Si los modelamos veremos que son personas que pueden, voluntariamente, alterar su conciencia para ingresar en “realidad extraordinaria” para conseguir conocimiento, poder, habilidades que puedan ayudar a sanar a miembros de sus comunidades.

Los chamanes son personas que pueden regular su atención para acceder a información no disponible en el estado de conciencia en el que nos manejamos habitualmente.

Ellos son los “técnicos de lo sagrado”, de acuerdo con la definición de Alberto Villoldo. Pueden entrar y salir de diferentes dimensiones, con el objetivo de contribuir con el crecimiento de la conciencia o la sanación de una persona o su tribu.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, los mamos arhuacos invitan a las personas a una creación holográfica de, por ejemplo, una escuela, antes de ser construida.

No es solo la visualización, sino la creación a nivel energético antes de que se realice la construcción en esta dimensión. Es decir, es como si trajeran de otra dimensión eso que fue pensado, diseñado y creado allí primero.

Lakoff y Johnson, los investigadores de la psicología de la metáfora, analizan el concepto arriba-abajo en nuestra cultura. Para nosotros, todo lo que está arriba es bueno, lo que está abajo no.

Arriba/abajo

Hablamos de pensamientos elevados, y decimos que hay que levantar el ánimo.

Caemos en una depresión, nos sentimos bajoneados.

Aún la posición de nuestro cuerpo es erguida cuando nos sentimos bien, y cabizbaja cuando estamos cansados o tristes.

Lo consciente es arriba, lo inconsciente es abajo, la salud y la vida son arriba, y la muerte es abajo (los ejemplos que proporciona son en inglés, y algunos no es posible traducirlos al español sin perder la esencia del carácter metafórico al que ellos refieren).

Cayó dormido. Está bajo hipnosis. Se hundió en un coma. Su salud está declinando.

Más es arriba, menos es abajo

Las ventas subieron.

Los precios cayeron.

Para nosotros, occidentales, la espiritualidad consiste en ir hacia el cielo, los espacios celestiales, y Dios que está arriba. Sin embargo, para culturas como por ejemplo los Laika, en Perú, la realidad se presenta en tres planos: el mundo superior, el mundo medio y el bajo mundo. Ese bajo mundo, no tiene nada que ver con el submundo de los griegos y romanos, sino con un espacio femenino, rico, húmedo, de gran nutrición y potencial. La cultura judeo-cristiana ve el mundo inferior como el espacio donde se entierra a los muertos, se asocia la tierra profunda con el infierno, el fuego y azufre. Creemos que es un lugar de sufrimiento y tormento. No vemos la tierra como el origen de la vida. No somos hijos de la Tierra, sino hijos de humanos. Cuando los misioneros llegaron a América, les dijeron a los indígenas que el cielo está arriba y el infierno abajo. Esto era absolutamente incomprensible para ellos, porque la Tierra es un espacio de renovación, el vientre de la gran Madre, el espacio donde nuestra mente subconsciente alberga partes de nuestras almas.

Para ingresar a cualquiera de estos mundos, hay ciertos protocolos para seguir: siempre pedimos autorización para atravesar el portal. Para entrar en el Mundo inferior, bajamos por un túnel hacia el centro de la tierra y nos conectamos con cuevas, mares, selvas, bosques, desiertos. Los seres que allí habitan son los espíritus animales, los de árboles, plantas y rocas. Ese mundo es todo aquello a lo que llamamos naturaleza.

El mundo superior es más etéreo. La luz es brillosa, los colores son claros. A veces son descriptos como ciudades de cristal, las nubes, dioses y diosas, ancestros, maestros ascendidos, fuerzas angélicas, maestros y guías.

El mundo del medio es la realidad escondida, o el aspecto de ensoñación en el mundo y vida diaria. Es decir, este mundo tiene un aspecto ordinario y otro extraordinario. Aquí habita el concepto de tiempo, y los y las chamanas pueden viajar al pasado o al futuro, realizar sanaciones, ayudar a quienes han fallecido a atravesar los portales hacia donde deben dirigirse después de la muerte.

Es el nivel donde el chamán se puede comunicar con el espíritu de las rocas, los árboles, las plantas, el viento, agua, fuego, tierra, porque todo en nuestro mundo físico tiene un aspecto doble en el mundo de los sueños. En este mundo también están las hadas, los duendes, los guardianes de los bosques, los trolls, y todos esos seres que aparecen en mitos y cuentos. Son los famosos “invisibles” con quienes convivimos. Como dice el chamán del ártico Sámi de Sápmi, en nuestra cultura desapareció el conocimiento de cómo conectar con las plantas, los animales, el clima.

Creemos que no tenemos nada que ver con temas ambientales o sociales. Su preocupación es que los recursos de la tierra no van a durar mucho más tiempo. Si vamos a hacer algo por nuestro planeta, podemos comenzar a elevar nuestra vibración en forma colectiva y convertirnos en quienes vinimos a ser.

Según él, en la cultura occidental, las personas son un prototipo de las fantásticas criaturas que podrían llegar a ser: esos seres que viven en armonía y en sintonía con su entorno natural. Actualmente, las personas viven en un total grado de desconexión con lo que es profundo y trascendente.

En estos tiempos, él ya no concibe la idea de un chamán en medio de una selva o montaña, aislado de la sociedad. El rol del chamán en esta época, dice al igual que muchos otros, es el de salir y difundir la palabra. Cuando nosotros descubrimos quiénes somos y conectamos con nuestros recursos internos y, como dice Stephen Gilligan, con el océano cuántico de posibilidades, podemos ser útiles a nuestra familia, nuestra sociedad, país y mundo. Una persona completa que pueda ser de asistencia a los demás, conectando con otras personas y yendo profundo en el conocimiento.

Este es un viaje, en el cual estamos explorando esas dimensiones desde nuestra visión PNLística.

En el trabajo de investigación que estamos realizando Daniel Cuperman y yo, indagamos cómo es la conciencia de aquí y la conciencia de allá. Investigamos cómo es el puente entre dos mundos, cómo a partir de la entrada al mundo superior a través de un vórtice, por ejemplo, podemos transmutar y acceder a un estado de renovación para estar abiertos a nuevas oportunidades. Para eso es necesario liberar, soltar, perdonar, renunciar a la necesidad de controlar.

PNL modelado chamánico, tal como lo proponemos, es una tecnología de trascendencia, donde le damos lugar a la ceremonia, al aspecto sagrado de la PNL a la cual no vemos solamente como un conjunto de técnicas mecánicas o caja de herramientas.

En este mundo actual donde hay un continuo estado de estrés, miedo, desconexión, competencia, separación y alienación, y muchas personas no pueden sentir comunión con la red de la vida, nos interesan las prácticas que fomenten la comunicación profunda con los demás y con todos los aspectos de la existencia. Nuestros recursos son la atención, la agudeza perceptiva, la gratitud, la apertura del corazón. Los abuelos custodios de la herencia sagrada Uluru de Australia, comparten con nosotros la filosofía Kanyini: conexión con el todo, y responsabilidad.

Laura Szmuch

Próximamente: PNL modelado CHAMANICO

Una exploración más allá de los recursos internos

Investigadores: Daniel Cuperman y Laura Szmuch / en.contacto.pnl@gmail.com

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