Tiempos de cuarentena

Por Laura Szmuch

Me contacto nuevamente con vos, en estos tiempos de cuarentena, que son vividos de forma tan diferente por las personas. Más allá de las circunstancias que a cada uno de nosotros nos toca vivir, es muy importante la forma en la cual elegimos estar atravesando esta situación.

La historia que nos contamos acerca de estos días de reclusión, por lo menos acá en Buenos Aires, es determinante de nuestro estado emocional. ¿Cómo es eso? Si nos decimos que estamos encerrados, seguramente vamos a estar sintiéndonos tristes, enojados, frustrados. Si nos decimos que estamos aislados físicamente, tal vez esas emociones se suavicen un poco. Y si nos decimos que nos estamos cuidando y contribuyendo a que esto termine lo antes posible, es probable que podamos apreciar el hecho de estar siendo cuidados.

En estos días hay un sinfín de interpretaciones acerca de lo que está sucediendo, más allá de la situación personal, laboral y económica que estemos atravesando.

Tal vez podamos tomar perspectiva y preguntarnos cómo vamos a recordar este momento dentro de unos meses, y podamos agradecer el hecho de estar sanos y vivos. Hay muchas cosas que se recuperan, la vida no. Tal vez extrañarnos nos invite a valorar más a las personas a quienes amamos. Quizás quedarnos en casa nos habilite un modo diferente de interpretar cómo veníamos viviendo, y nos motive para modificar todo aquello que ya nos estamos dando cuenta de que no queremos más. El invierno y estar en casa, quienes no hacemos las actividades esenciales como por ejemplo trabajos en el ámbito de la salud, nos invita a ir hacia adentro para preguntarnos qué deseamos en nuestra vida de ahora en más. A qué nos queremos dedicar. Qué valoramos. Qué cosas merecen tiempo y energía y cuáles no. Con qué personas deseamos estar y con cuáles ya no. Qué tipo de información queremos recibir y cuál ya no forma parte de quienes estamos eligiendo ser.
Estamos frente a un momento de
gran oportunidad para transformarnos.
Es urgente.
No hay más tiempo para perder.
La vida es hoy.
Así, con desafíos y con momentos bisagra.
Así, bella a veces y otras con grandes incertidumbres.
Me despido, como siempre, con un muy cálido Abrazo de Madre,

 

PNL modelado chamánico

Los lectores de este artículo probablemente ya tienen una idea acerca de qué es la PNL, por eso comienzo contándoles qué es el chamanismo. Es la práctica espiritual más antigua, y hay quienes lo definen como el ancestro de todas las religiones modernas. Como método es una forma de meditación combinada con intención enfocada para el logro de diferentes tipos de objetivos. Como práctica espiritual, es un modo de vida para quienes viven a través del camino de revelación directa. Así lo definen Sandra Ingerman y Hank Wesselman, conocidos practicantes de neo chamanismo. En las culturas chamánicas, el chamán es aquel que sabe, o que sabe ver en la oscuridad.

Una de las presuposiciones básicas de la PNL es la famosa frase de Korzibsky “El mapa no es el territorio”. Es una de las primeras cosas que se enseña en cualquier formación en PNL, sin embargo, es el desafío más grande de los practicantes de esta disciplina, aún aquellos con larga trayectoria y mucho entrenamiento.

La PNL ya lleva varias décadas de desarrollo, y el gran reto que todavía tenemos pendiente es aprender a visitar otros mapas, no solamente los relativamente cómodos o cercanos, sino los que nos proporcionan otras culturas y modos de ser y estar en el mundo muy diferentes al nuestro. Acostumbrados al monocultivo de nuestra mente, al más de lo mismo porque es conocido, seguro y cómodo, en este momento de nuestro desarrollo nos inspira ir más allá y visitar otras dimensiones, para descubrir nuevos modelos con la metodología generativa que nos proporciona la Programación Neurolingüística. Nos motiva la operatoria sobre el misterio, y sabemos que hay muchos espacios que no hemos explorado en nuestra cultura.

Acostumbrados a lo lineal, a la tercera o hasta la cuarta dimensión, nos fascina la idea de ir a una quinta, tan conocida por las culturas ancestrales y chamánicas de diferentes partes de nuestro planeta.

En PNL hablamos de agudeza sensorial, nos entrenamos a estar presentes con todos los sentidos: a ver más, a escuchar con atención plena, a sentir y a desarrollar nuestra propiocepción e intracepción. Notamos en qué parte del cuerpo se aloja una emoción, detectamos las submodalidades de una sensación, y también reconocemos señales en el lenguaje no verbal, gestos y micro expresiones en otras personas.

Nuestra propuesta es ir más allá de eso para desarrollar la agudeza perceptual, que nos permita detectar energías, aperturas de campos relacionales y campos creativos o generativos.

Con tanto énfasis en los últimos años en el interés en todo lo que es “Neuro” y el estudio del cerebro, neurociencias y en el foco en nuestro “hardware” en general, nos fascina enterarnos de que la mente no es local: no se encuentra en el cerebro solamente. Esto lo han sabido los yoguis, los chamanes, y muchos sabios durante miles de años. Nosotros lo estamos comenzando a aprender a partir del estudio de sus conocimientos, algunos encuentros, lecturas y experimentación propia.

La ciencia ya lo explica, la medicina le está prestando atención: hay territorios de la conciencia que todavía no han sido explorados, y nosotros, los PNListas, tenemos muchos recursos para comenzar a hacerlo. Por eso, nuestra propuesta es ir más allá de los mapas que nos restringen, y actualizar nuestro software investigando lo que los primeros PNListas estuvieron haciendo por lo que hemos estado descubriendo en nuestra búsqueda. En la revista Anchor Point, que se publicaba en EEUU hace muchos años, hay varias referencias a modelados de culturas ancestrales: rueda medicinal, animales de poder, entre otros.

En el enfoque que proponemos, en concordancia con lo que nos enseñan los chamanes, nos inspira el hecho de saber que podemos ir un paso más allá de lo que veníamos haciendo: al modificar la percepción de la realidad desde otra dimensión, podemos influir en el mundo material. Sabemos que de este modo muchas personas han conseguido remisión de enfermedades que a nivel de sanación física solamente no ocurrían, y podemos generar paz en comunidades, empresas y familias. Muy en línea con nuestro trabajo como PNListas, los chamanes nos cuentan que la realidad emerge de las expectativas de las personas y las sociedades.

Muchas de las cosas que trabajamos a nivel metafórico, para los chamanes es real: la mayoría de las culturas chamánicas hablan de diferentes mundos, de comunicación con variedad de entidades, por ejemplo: los árboles, las plantas, los animales, y también los duendes y las hadas, entre otros.

Si los modelamos veremos que son personas que pueden, voluntariamente, alterar su conciencia para ingresar en “realidad extraordinaria” para conseguir conocimiento, poder, habilidades que puedan ayudar a sanar a miembros de sus comunidades.

Los chamanes son personas que pueden regular su atención para acceder a información no disponible en el estado de conciencia en el que nos manejamos habitualmente.

Ellos son los “técnicos de lo sagrado”, de acuerdo con la definición de Alberto Villoldo. Pueden entrar y salir de diferentes dimensiones, con el objetivo de contribuir con el crecimiento de la conciencia o la sanación de una persona o su tribu.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, los mamos arhuacos invitan a las personas a una creación holográfica de, por ejemplo, una escuela, antes de ser construida.

No es solo la visualización, sino la creación a nivel energético antes de que se realice la construcción en esta dimensión. Es decir, es como si trajeran de otra dimensión eso que fue pensado, diseñado y creado allí primero.

Lakoff y Johnson, los investigadores de la psicología de la metáfora, analizan el concepto arriba-abajo en nuestra cultura. Para nosotros, todo lo que está arriba es bueno, lo que está abajo no.

Arriba/abajo

Hablamos de pensamientos elevados, y decimos que hay que levantar el ánimo.

Caemos en una depresión, nos sentimos bajoneados.

Aún la posición de nuestro cuerpo es erguida cuando nos sentimos bien, y cabizbaja cuando estamos cansados o tristes.

Lo consciente es arriba, lo inconsciente es abajo, la salud y la vida son arriba, y la muerte es abajo (los ejemplos que proporciona son en inglés, y algunos no es posible traducirlos al español sin perder la esencia del carácter metafórico al que ellos refieren).

Cayó dormido. Está bajo hipnosis. Se hundió en un coma. Su salud está declinando.

Más es arriba, menos es abajo

Las ventas subieron.

Los precios cayeron.

Para nosotros, occidentales, la espiritualidad consiste en ir hacia el cielo, los espacios celestiales, y Dios que está arriba. Sin embargo, para culturas como por ejemplo los Laika, en Perú, la realidad se presenta en tres planos: el mundo superior, el mundo medio y el bajo mundo. Ese bajo mundo, no tiene nada que ver con el submundo de los griegos y romanos, sino con un espacio femenino, rico, húmedo, de gran nutrición y potencial. La cultura judeo-cristiana ve el mundo inferior como el espacio donde se entierra a los muertos, se asocia la tierra profunda con el infierno, el fuego y azufre. Creemos que es un lugar de sufrimiento y tormento. No vemos la tierra como el origen de la vida. No somos hijos de la Tierra, sino hijos de humanos. Cuando los misioneros llegaron a América, les dijeron a los indígenas que el cielo está arriba y el infierno abajo. Esto era absolutamente incomprensible para ellos, porque la Tierra es un espacio de renovación, el vientre de la gran Madre, el espacio donde nuestra mente subconsciente alberga partes de nuestras almas.

Para ingresar a cualquiera de estos mundos, hay ciertos protocolos para seguir: siempre pedimos autorización para atravesar el portal. Para entrar en el Mundo inferior, bajamos por un túnel hacia el centro de la tierra y nos conectamos con cuevas, mares, selvas, bosques, desiertos. Los seres que allí habitan son los espíritus animales, los de árboles, plantas y rocas. Ese mundo es todo aquello a lo que llamamos naturaleza.

El mundo superior es más etéreo. La luz es brillosa, los colores son claros. A veces son descriptos como ciudades de cristal, las nubes, dioses y diosas, ancestros, maestros ascendidos, fuerzas angélicas, maestros y guías.

El mundo del medio es la realidad escondida, o el aspecto de ensoñación en el mundo y vida diaria. Es decir, este mundo tiene un aspecto ordinario y otro extraordinario. Aquí habita el concepto de tiempo, y los y las chamanas pueden viajar al pasado o al futuro, realizar sanaciones, ayudar a quienes han fallecido a atravesar los portales hacia donde deben dirigirse después de la muerte.

Es el nivel donde el chamán se puede comunicar con el espíritu de las rocas, los árboles, las plantas, el viento, agua, fuego, tierra, porque todo en nuestro mundo físico tiene un aspecto doble en el mundo de los sueños. En este mundo también están las hadas, los duendes, los guardianes de los bosques, los trolls, y todos esos seres que aparecen en mitos y cuentos. Son los famosos “invisibles” con quienes convivimos. Como dice el chamán del ártico Sámi de Sápmi, en nuestra cultura desapareció el conocimiento de cómo conectar con las plantas, los animales, el clima.

Creemos que no tenemos nada que ver con temas ambientales o sociales. Su preocupación es que los recursos de la tierra no van a durar mucho más tiempo. Si vamos a hacer algo por nuestro planeta, podemos comenzar a elevar nuestra vibración en forma colectiva y convertirnos en quienes vinimos a ser.

Según él, en la cultura occidental, las personas son un prototipo de las fantásticas criaturas que podrían llegar a ser: esos seres que viven en armonía y en sintonía con su entorno natural. Actualmente, las personas viven en un total grado de desconexión con lo que es profundo y trascendente.

En estos tiempos, él ya no concibe la idea de un chamán en medio de una selva o montaña, aislado de la sociedad. El rol del chamán en esta época, dice al igual que muchos otros, es el de salir y difundir la palabra. Cuando nosotros descubrimos quiénes somos y conectamos con nuestros recursos internos y, como dice Stephen Gilligan, con el océano cuántico de posibilidades, podemos ser útiles a nuestra familia, nuestra sociedad, país y mundo. Una persona completa que pueda ser de asistencia a los demás, conectando con otras personas y yendo profundo en el conocimiento.

Este es un viaje, en el cual estamos explorando esas dimensiones desde nuestra visión PNLística.

En el trabajo de investigación que estamos realizando Daniel Cuperman y yo, indagamos cómo es la conciencia de aquí y la conciencia de allá. Investigamos cómo es el puente entre dos mundos, cómo a partir de la entrada al mundo superior a través de un vórtice, por ejemplo, podemos transmutar y acceder a un estado de renovación para estar abiertos a nuevas oportunidades. Para eso es necesario liberar, soltar, perdonar, renunciar a la necesidad de controlar.

PNL modelado chamánico, tal como lo proponemos, es una tecnología de trascendencia, donde le damos lugar a la ceremonia, al aspecto sagrado de la PNL a la cual no vemos solamente como un conjunto de técnicas mecánicas o caja de herramientas.

En este mundo actual donde hay un continuo estado de estrés, miedo, desconexión, competencia, separación y alienación, y muchas personas no pueden sentir comunión con la red de la vida, nos interesan las prácticas que fomenten la comunicación profunda con los demás y con todos los aspectos de la existencia. Nuestros recursos son la atención, la agudeza perceptiva, la gratitud, la apertura del corazón. Los abuelos custodios de la herencia sagrada Uluru de Australia, comparten con nosotros la filosofía Kanyini: conexión con el todo, y responsabilidad.

Laura Szmuch

Próximamente: PNL modelado CHAMANICO

Una exploración más allá de los recursos internos

Investigadores: Daniel Cuperman y Laura Szmuch / en.contacto.pnl@gmail.com

Ikigai

Muy buenos días:

Te contacto nuevamente para contarte acerca de nuestra próxima actividad, el 28 de septiembre. Algo muy grande está ocurriendo. La energía femenina está tomando cada vez más fuerza. Y no nos referimos solo a las mujeres, sino a esa fuerza intuitiva que nos despierta dones dormidos y que estamos encendiendo entre todos. Estamos siendo llamados a tomar nuevos roles, a ser proactivos en la forma en la cual diseñamos nuestro presente y futuro, y a estar atentos a las posibilidades que se van desplegando. Ya no se trata solo de buenas intenciones, sino de ponernos en marcha. Muchas veces nos prometemos que haremos eso que tanto nos gustaría, sin embargo no nos animamos. Esperamos indefinidamente a que aparezca un chaleco antibalas que nos proteja de los riesgos que sentimos que estaríamos tomando si hiciéramos aquello que nos llama y nos convoca.
La noticia es que ese chaleco nunca va a aparecer.
Es necesario animarnos a salir, a mostrar lo que hacemos, a ofrecer nuestros productos o servicios.

El sábado 28 estaremos tratando varios temas que tienen que ver con las conversaciones internas de quienes no se animan, todavía.

Tu proyecto personal

Muchos de nosotros tenemos ganas hacer algo que venimos posponiendo. Esas ganas pueden tener que ver con un proyecto personal o laboral, o con nuestro desarrollo espiritual. O tal vez con los tres juntos. ¿Cómo sería si pudiéramos vivir de eso que amamos? ¿Cómo pasaríamos la vida expresándonos a través de nuestra labor? Hay personas que viven de un negocio o un empleo, y al mismo tiempo tienen otros espacios de tiempo, que nada tienen que ver con lo laboral, en los cuales hacen lo que verdaderamente les gusta: eso con lo cual vibran. ¿Y si diseñáramos nuestra vida de tal manera que no haya división tal? ¿Cómo sería nuestra vida si viviéramos desde nuestro IKIGAI? Ikigai, en japonés, significa “razón de vida”. Si bien no todo el mundo dedica tiempo a encontrar su propio Ikigai, esta búsqueda es de mucha importancia. Le da sentido a lo que hacemos y canaliza nuestras energías laborales hacia lo que realmente sabemos bien desde adentro que vinimos a hacer a este mundo. Cuando pasamos largas horas haciendo lo que ya no nos da alegría y nuestras almas piden otra cosa, y el cuerpo empieza a dar señales de que ya no nos conviene ir por ahí, la vida nos está pidiendo un poco de atención. Tal vez nos dé miedo intentar algo diferente y se sienta más cómodo o seguro seguir como estamos. Es probable que nos sintamos solos y que no nos demos cuenta de que podemos apoyarnos en otros y también hacer cosas juntos. La independencia económica es anhelada y temida al mismo tiempo, sin embargo, da libertades que las dependencias desconocen. Poder manejar los tiempos y dinero, y al mismo tiempo ser conscientes de que nuestro proyecto requiere dedicación, cuidado y mucha atención para que funcione es el gran desafío. Para que nuestro proyecto comience hay que animarse a decir “Acá estoy” y esto vengo a ofrecer, de esto quiero vivir, y este es el espacio que deseo crear. Para vivir de nuestro propio proyecto necesitamos aprender a hacerlo. Muchas veces, al observar a quienes ya lo están haciendo, creemos que con solo publicar lo que hacemos en una red social y generar contactos es suficiente. Es un primer paso, pero no alcanza. Detrás del éxito que vemos en muchas personas hay horas de estudio, preparación y trabajo para que eso funcione.

Te cuento lo que no funciona:

1. Querer ser como otro. La inspiración que nos produce ver a otro puede ser el motor de arranque. Sin embargo, es necesario que seas como vos misma, y no una copia de alguien que te gusta.
2. Olvidar que todo se construye dando pasos pequeños y firmes.
3. No pedir ayuda.
4. Ver el éxito de los demás y no tomar en cuenta todo lo que hizo para llegar allí.
5. No animarse a salir y mostrarse.
6. Planificar demasiado grande, o demasiado pequeño.
7. No saber cuál es nuestro IKIGAI, nuestra propia voz.
8. Creer que ya está todo inventado.
9. Decirnos que si no sucede es por algo, en lugar de hacer que suceda.
10. No saber por dónde empezar.
11. Conformarse con quedarse con las ganas.
12. Tener muchas intenciones y no pasar a la acción.
13. No dar un mensaje claro acerca de qué es lo que estamos brindando.

 

Como ya te habrás dado cuenta, lo que sí funciona es todo lo contrario. El 28 de septiembre, junto con la coach Cecilia Nuñez y con la diseñadora Cynthia Szmuch, estaremos acompañando a todos los hombres y mujeres que deseen pasar de la intención a la acción, para generar los proyectos productivos con propósito que tanto desean. El encuentro está diseñado para aquellos que todavía no saben lo que desean, para quienes tienen ideas y todavía no saben cómo darles forma y para quienes ya comenzaron tímidamente. Los entrenaremos con las técnicas más innovadoras del coaching, la PNL, el emprendedorismo y la comunicación en un gran viaje metafórico por cinco reinos, donde analizaremos qué es lo que nos está deteniendo y qué podría impulsarnos, y donde los participantes adquirirán recursos concretos:

  • Una guía para definir el rumbo de tu emprendimiento: objetivos, necesidades y recursos.
    • Técnicas para aprender a priorizar y obtener mejores resultados en la organización de tus tiempos.
    • Conexión entre tu proyecto y tu propósito.
    • Estrategias de comunicación digital alineadas con tu propósito y valores.
    • Recursos para conectar con tu abundancia interior y aprender a fijar precios adecuados para tu servicio o producto.
    • Diseñar un espacio propio de acción
    • Integración de las herramientas para aplicarlas a tu propio proyecto.

 

Te esperamos el 28/9 en Versalles, Buenos Aires.

Comprá tu entrada en www.encontratuvoz.com.ar/comprar-entrada/

 

«Si el otro puede, yo puedo», es una frase altamente empoderadora. Sin embargo, para poder, muchas veces debemos considerar mucho más de lo que se ve desde afuera… Para «poder», el otro está pensando, sintiendo y haciendo algo que tal vez nosotros desconozcamos. Vení el 28 de septiembre a «De la intención a la acción», y llevate recursos para vos también poder. Inscripciones en: www.encontratuvoz.com.ar

 

El arte de estar presente

Encuentro 14

Buenos días. Te estaba esperando. Ven y acompáñame a sumergirnos en este instante eterno, mientras sentimos la brisa suave de esta mañana acariciando nuestra piel. Respiramos con conciencia en pleno deleite del aroma de las rosas, jazmines y lavandas que se va levantando a medida que el sol comienza a acariciarlas, y a retirar el rocío que las cubre. Llevemos la mano al centro del pecho, para que la ondulación de nuestra respiración nos acompañe en este momento de conexión y placer. A medida que nos vamos sintiendo, notamos cómo los latidos de nuestro corazón se vuelven más y más presentes. Este es uno de esos instantes en los cuales nos damos cuenta de que por nuestras venas circula vida.

¿Comenzamos?

El arte de estar presente

Mindfulness es el estado de estar presente, consciente de lo que estamos haciendo, prestando atención. Esta es una definición demasiado sencilla, y si bien es muy simple entender de qué se trata estar en este estado, no es nada fácil para la mayoría de nosotros.

Cuando estamos realizando una actividad, la cabeza se nos vuela hacia otros pensamientos, nos dedicamos a una multiplicidad de tareas, es decir, a hacer varias cosas a la vez, a veces sin prestar atención a las cosas importantes. Aunque las nuevas generaciones parecen tener una capacidad especial para hacer varias cosas al mismo tiempo, y a veces, es necesario que eso suceda, es muy bueno parar varias veces por día para recordar que estamos vivos, que estamos respirando, que  el aire que entra y sale de nuestros pulmones es nuestro propio ritmo. El ritmo de nuestra vida.

Ante inconvenientes, situaciones difíciles, malos momentos, el detenernos un ratito nos llena de paz y nos ayuda a relativizar el problema y tomar otra perspectiva. Intenta tener por lo menos dos momentos muy tranquilos y con presencia durante el día de hoy. Detén tus actividades durante treinta segundos, y simplemente respira. Vuélvete consciente de tu respiración. Seguirás comprobando la enorme diferencia que algo tan pequeño y simple causa en tu día.

Mientras lo haces, pregúntate:

¿Cómo puedo generar más presencia?

¿Cuál es mi compromiso con mi propia vida?

¿Qué es y qué no es la PNL?

Por Laura Szmuch

PNL significa Programación Neurolingüística y  surgió en los años 70 a partir de  la curiosidad de Grinder (lingüista) y Bandler (matemático)  de entender la relación entre la experiencia subjetiva y las conductas de las personas.  Desde ese momento hasta ahora el campo de estudio, investigación y aplicación ha crecido enormemente, y actualmente podríamos decir que el nombre ha quedado pequeño y poco descriptivo del trabajo que los practicantes de la PNL realizan.

Esta es una metodología sumamente generativa: desde los comienzos se  puso énfasis en el modelado, es decir, en descubrir cómo las creencias, los valores, el modo de pensamiento de las personas (que en ese momento se ejemplificó con la metáfora de la computadora y sus programas, de ahí el nombre “programación”), influyen enormemente en el campo de lo que la persona percibe como posible y por lo tanto, realiza, y también lo que  interpreta como imposible, y por eso ni siquiera lo intenta.

Desde sus orígenes hasta ahora, ha ido creciendo y desarrollándose de modos diferentes de acuerdo a quiénes la  transmiten, investigan o practican. El énfasis inicial fue entender qué hacen los buenos comunicadores  y fomentar  la sintonía o rapport entre las personas, tomar en cuenta los canales sensoriales con los cuales organizamos la información, el lenguaje verbal y no verbal, el logro de objetivos, y muchos otros temas.  A lo largo de los años han surgido otros intereses: el modelado de líderes, personas que consiguen lo que se proponen y gente que es muy buena en lo que hace.

Las definiciones de PNL que hemos encontrado son muy diversas, ya que su alcance es grande, y gracias a los aportes de otras disciplinas ha ido creciendo y enriqueciéndose. Como la presuposición principal de la PNL es “El mapa no es el territorio”, el practicante de la PNL es invitado a entender desde un principio en su formación que cada persona es diferente: cada mente es un mundo, y no todos percibimos e interpretamos la realidad de la misma forma. El tomar en cuenta la maravilla de que todos somos únicos e irrepetibles le da una riqueza indescriptible a esta disciplina, y al mismo tiempo, nos lleva a notar, varias décadas después de que fuera inicialmente concebida, que podríamos hablar de varias PNLs, tantas como practicantes hay en el mundo.

Es por eso que a muchas personas se les hace un tanto desafiante explicar qué hacen cuando dicen que practican Programación Neurolingüística: saben que les gusta, que les hace bien, que les ha traído cambios muy positivos en su vida, que ha mejorado sus relaciones, evitado o solucionado conflictos internos o con otros, sin embargo, no pueden explicar de qué se trata. La respuesta ante quien pregunta, muchas veces es: “Hacé un curso o taller, ahí vas a tener la vivencia”.

Si bien la PNL ha sido criticada por no tener sustento científico, a lo largo de los años se han publicado investigaciones, principalmente en el campo de la educación. En este momento hay grupos de practicantes y entrenadores que están trabajando seriamente en la investigación. De todas formas, no por no ser científico  debe ser descartado. El yoga, por ejemplo, que ya lleva varios miles de años en el mundo, recién está siendo investigado científicamente ahora, con descubrimientos y confirmaciones de cosas que los yoguis ya sabían aún sin tener los instrumentos para medir actividad cerebral o cambios fisiológicos.  En la actualidad, con la tecnología apropiada, muchas  universidades se dedican a eso.

La PNL, que entre tantas cosas que podemos decir de ella, es una exquisita tecnología para mejorar la calidad de vida de las personas, es decir, la nuestra. La PNL es muchas cosas, pero NO es tantas otras.

La PNL no es una serie de técnicas mecánicas, aplicables fuera de contexto. Es decir, las prácticas dentro de esta disciplina se hacen desde un estado de preparación interna, una actitud mental de curiosidad y apertura, y el deseo auténtico de aprender acerca de nosotros mismos, para modificar lo que decidamos que ya no nos está sirviendo.

La PNL no es algo que alguien “le” hace a otro. Si bien un proceso de aprendizaje de PNL puede resultar sumamente terapéutico, es, principalmente eso, un proceso de aprendizaje. Las personas siempre deciden qué es lo que desean modificar y cómo, ya que una de las premisas básicas de la PNL es aumentar la capacidad de elección y la autonomía de los practicantes.

La PNL no es una filosofía de pensamiento positivo. El practicante de la PNL reconoce lo que no está bien en su vida, o no es como le gustaría, para poder cambiarlo. Es verdad, se desarrolla la conciencia de la importancia de la actitud, pero no es una disciplina: “Don’t worry, be happy” en medio de una situación que debe ser resuelta.

La PNL no es un libro de recetas fáciles para alcanzar el éxito en una semana. No hay formulas fijas, cada persona es única. No todos tienen los mismos objetivos, ni definen éxito de la misma manera. Y sobre todo, la PNL no ofrece recetas.  La responsabilidad personal es altamente valorada.

La PNL no se usa para programar ni manipular a otros, por lo menos no desde la ética que compartimos los miembros de la Red Latinoamericana de PNL.

Vivimos nuestra vida?

Para vivir en un estado de conciencia y gratitud es imprescindible darnos cuenta de que si no vivimos nuestra vida, lo único que sucede es eso: no vivimos nuestra vida.

 

Si por protegernos tanto, si por esperar que todas las condiciones sean perfectas, no nos movemos hacia aquello que deseamos, nunca vamos a conseguirlo.

 

Atrevernos a arriesgarnos puede implicar pedir ayuda, decir “no sé” y tomar la decisión de aprender, hablar desde nosotros y decir lo que realmente pensamos y sentimos, y ser auténticos.

 

❤️¿Cuánta vida nos cuesta escondernos todo el tiempo, en lugar de manifestar nuestra más bella imperfección?

 

❤️¿Qué cosa puedes comenzar a hacer hoy para animarte a dar los primeros pasos para vivir como realmente te gustaría vivir?

 

Nos fuimos construyendo tantas murallas para cuidarnos del qué dirán, de envidias ajenas, de reclamos, de críticas despiadadas, que muchas veces mostramos al mundo lo que creemos que es conveniente que vea. Eso no sería un problema si solamente fuera eso.

 

Al poner tanta energía para sostener esas murallas, nos vamos secando por dentro de esas murallas. Dejamos de alimentar el centro, el corazón, la esencia de quiénes somos en realidad. Nos acostumbramos tanto a alimentar la imagen externa, que lo que pide nuestro alma queda enterrado debajo de los cimientos de toda la fortaleza de autoprotección.

 

❤️¿Qué pasaría si hoy te animaras a tener una conversación contigo mismo y te preguntaras, amorosamente: cuál es tu anhelo más profundo?

 

❤️Si eso sucediera: ¿qué cosa te animarías a hacer hoy para honrar tu propio alma?

 

❤️¿Qué necesitas para dar ese paso pequeño, para ser fiel contigo mismo?

 

Para fortalecer nuestro coraje, es imprescindible animarnos a sentir nuestra propia vulnerabilidad. Saber que no todo tiene que salir perfecto, y permitirnos no saber cómo va a resultar algo. Transitar la necesidad de saberlo todo de antemano, de tener todo bajo control, y de satisfacer a todo el mundo con nuestras decisiones.

 

❤️Laura Szmuch ❤️

Proyecto Gratitud

Vergara, Penguin Random House

¿Por qué estoy tan cansada?

¿Alguna vez habrás preguntado esto?

Es que la energía se nos filtra por los lugares menos pensados. Cuando prestamos atención a muchas cosas a la vez, sobre todo a las que no son importantes, se nos forma una rajadura por la cual nuestra fuerza vital se va escapando gota a gota.

Es hora de empezar a estar más atentos a esto que nos hacemos sin darnos cuenta y a empezar a recuperar el entusiasmo, la fuerza, las ganas y la alegría de vivir.Hay cosas que definitivamente te irritan, ¿no es cierto?

El zumbido de un mosquito
Una contractura
Algún vecino que hace algo que no te gusta
Los grupos de Whatsapp donde no solicitaste ingresar y donde se publican cosas que no te interesan
El comentario de algún colega

Bueno, seguramente tendrás una buena lista.

Aunque si las consideramos en debida perspectiva son pequeñeces, la reacción emocional que tenemos en relación a ellas puede llegar a ser desmedida, tomando en cuenta que no importa tanto el tamaño de la molestia, sino la acumulación de muchas. Si no les vamos prestando debida atención y no cuestionamos su valor, se van apilando una sobre otra hasta que sentimos que ya no damos más.
Como el fastidio va in crescendo, con una pequeña gota se nos rebalsa el vaso.

¿Te pasó alguna vez?
El problema no es que algunas cosas no nos gusten. El inconveniente es que al ponernos en la actitud mental de aguantar lo que venga, vamos dejando pasar las situaciones sin hacer nada, pero llenándonos de un gran resentimiento hacia nosotros mismos por no haber hecho nada para que el tema termine.

En lugar de hacer algo en serio por la contractura, seguimos aguantándola hasta que no podemos más. La callamos con un analgésico, y no vamos al tema de fondo, que puede llegar a ser un alto nivel de estrés en nuestra cotidianidad, o simplemente una mala postura que podemos aprender a corregir. Sin embargo, las quejas no faltan. Y cada vez que protestamos, se abre un agujero nuevo por donde se nos escapa la energía.

Como es probable que no sea un solo tema grande el que te agote, como ya dijimos, sino la suma de muchas pequeñísimas cosas, es bueno que empieces a detectar y estar atenta a una por una, y tomes las medidas necesarias para solucionar las cosas en forma simple y sencilla, en lugar de quejarte y agotarte todo el tiempo.
No se trata de controlar todo, sino de ir resolviendo. Y, sobre todo, no permanecer rumiando cada una de las cosas que nos incomodan, sino buscar formas de terminarlas, solucionarlas o simplemente dejar de prestarles atención.

Creo que tenés tantas cosas importantes para hacer, que es bueno, es muy bueno que tengas las ganas y el entusiasmo sin contaminar. No permitas que las pavadas te afecten. Cortá por lo sano. Si la canilla pierde, llamá al plomero y arreglala. No pierdas tu vida gota a gota. Tu paz mental y felicidad valen mucho más que las cosas a las que a veces les regalás tu atención.
Laura Szmuch©2018

 

El desafío de los diez años

Divertidas, las redes sociales están siendo inundadas por este juego: #10yearschallenge, o el desafío de los diez años. Consiste en subir una foto tuya de hace una década y una actual, para ver la diferencia. Muchos de nosotros descubrimos que cambió nuestro peso, que la piel es diferente (aunque tal vez no se note tanto porque las cámaras tienen filtros ahora que pueden disimularlo), otro color de cabello, otro estilo de ropa. Un juego que nos hace reír, pero algunos lo estamos tomando  bien en  serio.

El mirar hacia atrás nos lleva a cuestionarnos muchas cosas, a recordar con nostalgia, o a disfrutar los cambios que evaluamos como positivos en los últimos tiempos. No solo estamos haciendo la comparación en lo personal, también hay quienes están  subiendo fotos mostrando cómo estaba el mundo,  cómo estaba nuestro país, cómo estaban algunos paisajes dos lustros atrás.

Si bien el juego es inocente y gracioso en la mayoría de los casos, la evaluación no tendría sentido si solo quedara en lo físico, lo que una foto nos puede mostrar. Hay tantas otras cosas para tomar en cuenta: ¿A qué me dedicaba hace diez años? ¿Quiénes eran mis amigos? ¿Con quienes compartía mi vida? ¿Qué costumbres tenía? ¿Qué soñaba hace diez años?

Pensar en cómo transcurrieron estos diez años es el verdadero desafío. Cuestionarnos si eso que nos prometimos que haríamos de nuestras vidas fue cumplido, si estamos yendo en la dirección que nos habíamos propuesto, si este tiempo fue dedicado  a honrar nuestra vida.

Tal vez sea mucho más fuerte esto que detectar un par de arrugas, si usamos más aumento en los anteojos, si la balanza grita cuando nos subimos a ella, o si el cabello ya nos crece blanco. Los diez años pasaron, ¿y ahora qué?

Me gusta el desafío de los diez años porque para muchos puede ser un gran despertador. ¿Qué vine haciendo este último tiempo? Si sigo haciendo lo mismo, ¿dónde voy a estar, cómo voy a ser, qué voy a pensar y sentir dentro de diez años?

Y ahí viene lo más importante. Una vez que vimos el rumbo que venimos tomando, podemos detenernos unas horas, un día, una semana, un mes, para recalcular. Hoy estoy acá y así. ¿Qué podría aprender, hacer, propiciar, sentir, pensar, para ser quien quiero ser dentro de diez años? ¿Qué me gustaría estar haciendo? ¿Cómo quisiera estar viviendo?

Si bien no todo está en nuestras manos, ya que vivimos en constante relación e interdependencia con otras personas, con el entorno y con lo que va aconteciendo, es muy diferente vivir con intención que vivir en piloto automático. ¿Qué se requiere de mí para que dentro de diez años pueda estar saludable, activa, y como me dé ganas de estar? ¿Qué me está pidiendo mi propia vida? ¿Qué propósito mayor me mueve, más allá del aspecto físico que va a mostrar la foto que me saque en 2029?

Para dentro de diez años poder cosechar lo que deseo, el día de hoy me está solicitando que tome unas cuantas decisiones y que tal vez empiece a modificar algunas cosas hoy mismo.

¿Qué voy a estar haciendo por mi cuerpo físico? ¿Cómo voy a cuidarlo y nutrirlo? ¿Cómo voy a atender mis articulaciones, mi respiración, mi ritmo cardíaco, mi piel? ¿Qué voy a comer? ¿Cómo voy a nutrir mi mente, mi alma y mi espíritu? ¿A qué cosas voy a prestarles atención y cuáles van a dejar de tener influencia sobre mí? ¿Qué actitudes van a colorear mis días? ¿Cómo voy a relacionarme con los demás? ¿Cuál va a ser mi contribución para que el mundo sea un mejor espacio para vivir ahora y cuando yo ya no esté?

Nos encontramos dentro de diez años para responder estas preguntas juntos. Estemos donde estemos, que podamos tener la certeza de haber estado viviendo una buena vida-más allá de los acontecimientos- y siendo leales a nosotros mismos. Te invito a el desafío #lospróximosdiezaños.

Laura Szmuch©

 

¿La felicidad es sensorial?

Qué es la felicidad es tema de debate entre filósofos, pensadores, psicólogos y maestros espirituales desde hace mucho tiempo. Hay quienes creen que la felicidad no existe, y dicen que solo hay momentos dichosos. Hay también quienes consideran que la felicidad es un atributo espiritual y que es un estado del Ser que no depende de nada externo, sino de una conexión profunda con algo Superior.

También hay otra forma de interpretar qué es la felicidad, y tiene que ver con el goce de las pequeñas cosas. Es el deleite del “festín de la vida”, como lo llama Lin Yutang. Todas esas cosas que son obvias para nosotros y damos por sentado, y son estímulo para nuestros sentidos: el disfrute de una comida, una reunión entre amigos, observar un atardecer.

Si bien muchos marcan una diferencia entre la felicidad material y la espiritual, la primera pareciera ser el apoyo para que la otra florezca. El escritor chino que mencioné en el párrafo anterior dice que “el espíritu es una condición de las glándulas endócrinas”, y también insiste, en su libro La importancia de vivir, en que la felicidad está en directa relación con la digestión y los intestinos limpios. Si bien cuando él escribió este libro no había suficiente investigación para suponer que esto podía ser cierto, en los últimos años se ha revelado la directa relación entre nuestro sistema digestivo y nuestras emociones. Nuestro sistema nervioso entérico es una subdivisión del sistema nervioso autónomo que se encarga de controlar el aparato digestivo. La neurogastroenterología se encarga de estudiar esto. El SNE está formado por 100 millones de neuronas que están en constante comunicación con el cerebro. Según la doctora Pilar Hurtado, especialista en Medicina integrativa, este cerebro intestinal produce el 90% de la serotonina, un neurotransmisor ligado a la sensación de calma, relajación y bienestar, que activa los circuitos de recompensa, estimula el deseo sexual y favorece el metabolismo de la dopamina. También ayuda a regular la temperatura corporal, previene el estrés, regula el apetito y participa en los procesos de aprendizaje, memoria, sueño y descanso. La angustia y la preocupación resuenan con diarreas y dolores varios. Este “segundo cerebro”, como lo llaman algunos, contaría con un sistema de procesamiento y decisión a nivel emocional.

La felicidad no es algo abstracto. Surge de la predisposición a estar presentes en los pequeños instantes y al disfrute de todo lo que nos proporcionan nuestros sentidos. ¿Cuáles son los momentos felices en la vida? Muchas veces se interpretan como felices las escenas de vacaciones, de un viaje, de una fiesta. Son esos momentos en los cuales no somos súbditos de la monotonía de la cotidianidad y estamos particularmente atentos. Tenemos tiempo para mirar un amanecer, disfrutar lentamente de una comida, fascinarnos ante el canto de un pájaro. Hace unos años, mientras daba un entrenamiento en una empresa, les pedí a los asistentes que detuvieran lo que estaban haciendo y que cerraran los ojos, y que durante solamente un minuto, solo atendieran a su respiración. Cuando terminaron, uno de ellos me dijo que tuvo la sensación de la mañana temprano, cuando estaba de vacaciones y la brisa fresca acariciaba su piel. Estaba tan emocionado por lo que estaba experimentando, que me preguntó si podía repetir lo que había hecho en su casa. Por supuesto… solo había prestado atención a su respiración. Eso lo podemos hacer solos. Es que cuando descubrimos esos componentes pequeños de nuestro vivir, esos instantes que dejamos pasar porque estamos muy ocupados con otros menesteres, nos damos cuenta de que hay tanto para apreciar.

En la enumeración de “Los treinta y tres momentos felices” de Chin Shengt’an, el crítico impresionista chino del siglo 18, solo vemos descripción minuciosa de instantes. Con gran esmero en la descripción sensorial, Chin describe las nubes, el alivio de la lluvia después del sopor de un día caluroso, escuchar a sus hijos, comprar algo que le da placer, sus pies descalzos y la cabeza al sol, recibir dinero para terminar su casa, cortar con un cuchillo afilado una sandía, entre otros ejemplos.

Este es uno de sus momentos felices:

“Nada tengo que hacer después de una comida y trato de revisar las cosas guardadas en viejos arcones. Veo que hay docenas o centenares de pagarés de gente que debe dinero a mi familia. Algunos han muerto y otros viven todavía, pero de todos modos no hay esperanza de que devuelvan el dinero. Sin que me vean, hago una pila con los papeles, y enciendo con ellos una hoguera, y miro al cielo y veo desaparecer la última huella del humo. ¡Ah! ¿No es esto felicidad?”

Esa decisión de olvidar, de liberarse de algo que tenía atrapada parte de él mismo, es felicidad. Felicidad encarnada en ese alivio mientras el fuego termina su espera, su preocupación. Chin se libera a sí mismo al liberar a sus deudores, y describe su sentir como felicidad. ¿Cuántas cosas podríamos poner en una hoguera para quedar vacíos de falsas expectativas y dejar espacio fértil para otras cosas?

Stewart Blackburn, conocido como “el chamán del placer”, dice que el placer es la experiencia de sentirse bien, y uno solo puede sentirse bien en el presente, no en el pasado ni en el futuro. El placer se siente en el cuerpo y se experimenta a través de los sentidos. El placer es la forma que tiene nuestro cuerpo de decirnos que todo va bien, que en este momento no hay conflictos. No hay nada para temer, no tenemos por qué sentir ansiedad, vergüenza, o emitir juicios.

La doctora Christiane Northrup dice que el placer es el nutriente esencial para mantenernos sanos. Necesitamos practicar el placer en una cultura que idolatra al dolor y al sufrimiento. No hay nada sagrado en el hecho de convertirnos en mártires, y eso no nos hace mejores personas. Soportar ambientes laborales o familiares que nos hacen sentir mal creyendo que es un orgullo poder hacerlo, y pasar la vida en la queja permanente de no tener tiempo, de estar muy ocupados, de hacer lo que no nos gusta,  nos aleja de esos momentos que nos dedicamos a nutrir la posibilidad de sentirnos felices.

El cuerpo nos indica qué es bueno para nosotros. El placer es una buena guía: lo que vemos, lo que oímos, lo que nos indica nuestra piel, nuestras sensaciones viscerales, el sabor de los momentos. Recordemos que nuestros pensamientos crean reacciones bioquímicas en nuestros cuerpos, y que el campo electromagnético de nuestro corazón es muchas veces más poderoso que el del cerebro.  Según el científico Gregg Braden, autor de La Matriz Divina, el corazón tiene el poder creativo para, a través de nuestros sentimientos, hablar a las más altas dimensiones donde vamos creando nuestras realidades. Las sabidurías ancestrales siempre tomaron esto en cuenta: la fuerza de lo que sale de nuestro centro vibratorio del corazón es una fuerza potente. Es que cuando nuestro cuerpo se siente bien, cuando notamos y apreciamos los pequeños grandes detalles y empezamos a cuidar, a sentir gratitud, compasión y perdón, comenzamos a tener la clave para que la felicidad no sea solo física. Ya podemos subir algunos peldaños e ir más allá del placer.

En el libro Proyecto Gratitud dedico gran parte a la importancia del placer, del goce a través de los sentidos, del cuidado de los pequeños detalles que elevan nuestra vibración hasta llegar a la expresión de la gratitud. Esa sensación de no caber en tu propio pecho, cuando el esternón pareciera querer abrirse para que el corazón se expanda. Gratitud y felicidad van de la mano, porque cuando tomamos la decisión de permitir que lo bueno llegue a nosotros, cuando le bajamos el volumen a todo lo que nos separa de lo realmente importante, ya no hay excusas para evitar la magia de una matriz de vida en la cual todo es sagrado.

Laura Szmuch

Me estoy desdibujando…

Por Laura Szmuch

¿Cómo seguir siendo nosotros mismos y a la vez  compartir la vida con otros? ¿Cómo preservar nuestra manera de ser y a la vez ser flexible para disfrutar una convivencia pacífica? ¿Cómo evitar que otro con personalidad fuerte avasalle nuestros deseos y motivaciones?

“Hace tanto tiempo que estamos juntos que a veces siento que me olvidé de lo que realmente quiero”.

En el nombre del cuidado de la pareja y la familia muchas personas, tanto hombres como mujeres, han optado por dejar de hacer lo que les gusta.  Tal vez han aprendido a complacer, o a no causar problemas.  Quizás la personalidad del otro sea demasiado fuerte y entonces se hayan acostumbrado a adaptarse. Si bien es bueno ser flexibles y respetar lo que la pareja quiere es importante, muchas personas se pierden a sí mismas satisfaciendo  solamente lo que quiere el otro, o aceptando sin cuestionar lo que su familia política decide.

Mi amiga ya no es la que era

Muchas veces alguien que conocemos cambia por completo cuando tiene nueva pareja o grupo de amigos. La persona deja de ser quien era. A medida que pasa el tiempo va modificando gustos, costumbres o creencias muy arraigadas. Si bien siempre le damos la bienvenida a las transformaciones personales cuando son iniciadas en la persona que las atraviesa y las vive, es necesario prestar atención si esos cambios son elegidos por la persona, o simplemente son parte de un proceso de adaptación, anulación y abandono de su propio centro. Clarissa Pinkola Estés lo explica muy bien en su interpretación del cuento  “Piel de foca, piel del alma”, donde la protagonista deja de ser quién es, pierde su propia piel, para cumplir con los deseos de su marido.

“Cuando estoy allí, siento que me desdibujo”

A veces no es la pareja, sino un entorno laboral o familiar lo que hace que una persona se sienta muy alejada de su propio centro, de quien realmente es, o lo que siente. A muchas personas les sucede en sus ámbitos laborales, cuando sienten que no comparten intereses, temas de conversación, valores, modos de relacionarse, o ritmo de trabajo. Cuando una persona, por ejemplo, necesita profundidad y tiempo para tomar decisiones, el resto de sus compañeros tal vez ya pasaron a otro tema y esa persona quedó como si le hubiera pasado un tsunami por encima. La velocidad excesiva para quien no puede manejarla, es violencia. Tal vez sea una diferencia generacional, de crianza, o de forma de procesar la información lo que hace que el ritmo de trabajo de una persona sea muy diferente al de sus compañeros.

Esto también suele sucederles a muchos niños en las aulas, cuando no se respeta su modo de aprendizaje, y se sienten extraños y fuera de eje por no tener cómo acceder a lo que se le está enseñando.

“Yo soy el/la que manda”

En el afán de tener poder sobre otros, precisamente, por estar fuera del propio centro, muchas personas imponen a los demás modos de ser, de pensar, de vivir. Cuando una persona o grupo de personas no se encuentran a sí mismos, se fortalecen con la atención y energía de quienes acatan sus deseos y órdenes. Cuando una persona se queda con otra por sometimiento, y no por deseos verdaderos de hacerlo, su esencia se desintegra, se asfixia, ya no sabe qué es lo que le gusta, lo que quiere, lo que anhela para su propia vida. Su voluntad ha sido cercenada. Desde elegir el menú para una fiesta, la mesa en un restaurant, el programa de TV que se mira en casa hasta decisiones mucho más trascendentes como a qué escuela enviar a los hijos, o hasta qué ideas políticas se apoyan y a quién se vota en esa casa, si solo se acatan órdenes de otro, la persona en algún momento ya pierde noción de qué era lo que pensaba y sentía.

Una persona que se pierde a sí misma, que se desfigura, que pierde su orientación por seguir la orientación de otros, se vuelve resentida, enojada o muy triste.  En muchos casos se enferma, ya que al acallar su propia voz su cuerpo físico comienza a pedir ayuda a los gritos.

Cuando en algún ámbito, o con alguna relación en particular, ya sea con amigos, con una pareja, con los padres, con los hijos, con algún amigo o grupo de amigos, sentimos que nos estamos perdiendo, es imprescindible comenzar a recuperar-nos.

¿Cómo hago para volver a mi centro cuando me alejé de él?

El primer paso es aprender a establecer límites sanos. Es importante preguntarnos una y otra vez qué es lo que nosotros anhelamos, lo que tenemos ganas de hacer. La vida se pasa, y no podemos postergar nuestros sueños para cumplir los de otra persona.

Aprender a expresar nuestra individualidad, todo aquello que somos y lo que no somos también. Es importante delimitarnos, definirnos, conocernos, diseñarnos, reciclarnos, decidirnos y expresarnos.

Cuando aceptamos lo que somos, y también lo que no somos, tenemos disponibles los recursos que necesitamos.

Continuamos con  el respeto a nuestros espacios internos, necesidades y deseos, la nutrición del alma, y pequeños grandes detalles que harán nuestra vida más plena, con más presencia y con la mente clara para poder vivir la vida que elijamos.

En el mundo en que habitamos, suele ser bastante desafiante esto de estar en nuestro centro. Bombardeados por un sinfín de estímulos, esta sociedad NONSTOP nos tironea de todas partes. Mensajes  directos y encubiertos, todos ellos nos incitan a desear más y más. El concepto de abundancia es maravilloso. Sin embargo, es imprescindible distinguir la abundancia existencial del deseo desenfrenado y adictivo de cumplir con todas las exigencias que nos impone un paradigma de consumo en el cual dejamos de ser seres humanos para convertirnos en meros consumidores de cosas.

Si no nos preguntamos diariamente qué es importante para nosotros, la televisión, los vecinos, la calle, es decir, otros, decidirán por nosotros. En lugar de vivir nuestra vida, seremos vividos por ideas ajenas, en la gran trampa de creer que de tanto escuchar lo mismo siempre, es eso lo que quiere nuestra alma.

Se nos ha vuelto difícil saber qué es lo que realmente deseamos, porque continuamente nos dicen lo que se supone que debemos desear.

Se nos dice qué es lo que se espera de nosotros debido a nuestra edad, a la familia donde nacimos, a lo que a algunas empresas les conviene vendernos.

Hasta se nos insiste con el hecho de que debemos ser felices, y esa exigencia nos estresa más que lo que nos ayuda. Además de tantas obligaciones… ¿también hay que ser felices? La felicidad no es algo para conseguir, sino un estilo de vida. La felicidad no depende de lo que sucede a nuestro alrededor, sino de cuán confortables nos sentimos en nuestra propia piel.

En nuestra cultura nos han hecho creer que la leche en polvito en algunos casos es mejor que la de la teta, que es mejor dejar que los bebés lloren y desarrollen sus pulmones, que no hay que tener a los niñitos a upa mucho tiempo. Esa falta de contacto de piel a piel, de aroma a ser vivo, esa desnaturalización de la vida que se nos ha impuesto, nos ha programado para suponer que todo debe venir de afuera. La intimidad con otro, y la intimidad con uno mismo han pasado a segundo plano.

¿Cuántas personas realmente tienen un momento para sí mismas?

No me refiero a sentarse frente a la TV a embotarse de noticias o a ver series o novelas.

No hablo solamente de hacer cosas que nos gustan.

Me refiero al silencio fecundo, a la ducha con presencia, a la conexión con nuestros propios cuerpos, a la conciencia de la respiración, a la reflexión, al discernimiento de qué es realmente importante para nosotros.

Es triste darnos cuenta de que si no nos dedicamos a nosotros mismos, a cultivar nuestro espíritu y a conectarnos con algo más grande que nosotros mismos, la vida se nos pasa, y NO PASA NADA.

Nos enojamos con nuestros padres, con la vida, con la escuela, con el gobierno, con la familia y pareja, infructuosamente buscando responsables de los huecos en nuestras vidas.  Si ya no tenemos ese pecho abundante y cálido de mamá con leche disponible, por razones de edad principalmente, es necesario buscar ese latido en nosotros mismos.

Para volver a nuestro centro cuando nos alejamos  de él, es necesario  que nos detengamos y que oigamos los latidos de nuestro corazón. Que seamos conscientes de cómo estamos respirando. Que nos tomemos, por ejemplo, un rato para una ducha o baño de inmersión con presencia, que pasemos la mano por cada centímetro de nuestra piel, reconociéndonos. Que no sea a las apuradas, ni como una tarea u obligación más.

Es una cita con nosotros mismos,  es un instante sagrado de intimidad con la única persona con quien compartiremos el resto de esta vida: nosotros mismos.

Laura Szmuch.

 

Preguntas para saber si te estás “desdibujando”

¿Sabés qué te gusta y qué no te gusta, o siempre pedís opinión a otro?

¿Te resulta fácil o difícil tomar decisiones?

¿Te sentís cómodo en presencia de otros, o terminás agobiado después de estar un rato con algunas personas?

¿Sabés decir “no” a lo que no querés, o aceptás todo para no generar problemas?

¿La gente te escucha cuando hablás?

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo que te gusta, sin dar explicaciones?

¿Tolerás muchas cosas?

¿Estás mucho tiempo enojado sin saber muy bien qué te está pasando?